¡Meter la mano!
Meter la mano prácticamente se ha constituido en una epidemia en las diferentes generaciones de servidores públicos y privados. El valor de que uno tiene que respetarse a sí mismo fue muerto por los lúmpenes del PRD, por su contagio a la clase política que nos regala todos los días bandejas de injurias que avergüenzan hasta lo peor de uno mismo. Con la expresión meter la mano se distingue en Panamá a los delincuentes que se aprovechan de sus posiciones para beneficiarse. “¡A mí que me nombren donde haya plata, compa!”. Aceptar la ya institucionalizada habilidad pícara de meter la mano para robar, para engañar y seguir con la cara fosca y preñada de ingenuidad es el peor ejemplo que podemos darle a la raza humana, sobre todo a los recién destetados. Meter la mano en Panamá y el mundo entero ya es normal, hasta en el deporte se puso de moda. Fíjense… si el deslenguado de Maradona hubiese pedido disculpas por lo que hizo con Inglaterra en el mundial de México, hoy día sería uno de los enanos más queridos del planeta que viviría gozando del respeto mundial como muchos deportistas que alumbran permanentemente el camino de la honestidad, la transparencia y la valentía.
Otra mano. La trampa con que el equipo peruano sacó a Brasil de la Copa América 2016 le echa más leña a la incandescente boca del volcán de la corrupción. Si el delantero limeño Raúl Ruidíaz hubiese intervenido en la demorada decisión del central uruguayo Andrés Cunha, diciéndole “Señor árbitro, yo metí el gol con un puñetazo”, el mundo estuviera gravitando en otra forma más esperanzadora y hasta el eminente político del Cuzco Manuel González Prada, que viaja por el mundo dando conferencias contra el nefasto influjo de la corrupción, lo hubiese felicitado, pero no me han comunicado que está deprimido por lo sucedido.
Meter la mano es muy diferente a meter la pata. Acá en Capira y Cerro Marta se preguntan si en Costa Rica y Colombia tienen el sofoco con el A (H1N1) ¿Igual que en Panamá? Porque da la impresión de que alguien metió las dos manos para que se confunda la cobarde inyección que metió Fonseca a nuestro país con histeria en vez de historia.
