Mulino
No hay duda de que si hay un exfuncionario que supo mantenerse erguido, aun preso en las cárceles del régimen gubernamental, ese es José Raúl Mulino, quien ayer, luego de seis meses de injusta detención, fue liberado bajo una medida cautelar de prohibición de abandonar el país.
No podía ser de otra manera; ya que José Raúl es un hombre probado en circunstancias difíciles. Se mantuvo firme en la década de los 80, cuando fue destacado dirigente de la Cruzada Civilista Nacional, soportando carcelazos y exilios. Igualmente, supo enfrentar las amenazas y presiones a que fue sometido cuando ocupó el cargo de ministro de Seguridad, en la anterior administración.
La decisión del Segundo Tribunal Superior de Justicia de confirmar una orden de un juez de circuito penal, que le otorgó una medida cautelar y decretó la nulidad de gran parte del mamotreto instruido en su contra por el Ministerio Público, demuestra que aún hay esperanzas en jueces íntegros que respetan la Constitución, ley y el derecho.
También demostró que la soberbia y prepotencia son malas consejeras. ¿Cómo queda ahora aquella fiscal empeñada, hasta la terquedad, en tener encerrado a Mulino? Queda claro que actuó movida por un incomprensible odio hacia el exministro, que la llevó a rebasar sus funciones investigadoras.
Bien claro lo dijo Mulino a su salida del cautiverio, que hay que tener mucho corazón para no sentir resentimiento ni odio a quienes llevaron la zozobra y el dolor a una familia decente.
Lo que sí queda claro es que al calor de la dinámica política, el exministro se va perfilando como un auténtico líder de oposición junto al expresidente Ricardo Martinelli.
“La historia se repite en espiral”, dice un viejo dicho; y la salida de Mulino recuerda a la de Arnulfo Arias, encerrado en 1945 por las fuerzas oligárquicas, que temían a su liderazgo.
Que pelen el ojo los políticos ineptos y aferrados al poder. Ha nacido un nuevo líder.
