Opinión - 27/4/16 - 12:00 AM

No lo puedo tocar

Por: Por Roquel Iván Cárdenas Catequista -

Esta impresión de los discípulos de no poder tocar a Jesús como antes es una experiencia que viven los primeros discípulos, a partir de la Resurrección y culmina en la Ascensión del Señor. Jesús, después de su Resurrección, le dice a María Magdalena: “No me toques, que todavía no he subido al Padre” Juan 20, 17.

Estas palabras empiezan a develar el misterio de la nueva relación que se va a tener con Él de ahora en adelante. Porque su humanidad está glorificada, aunque después de su Resurrección durante 40 días come y bebe con sus discípulos y les instruye sobre el Reino ya el Jesús que se les manifiesta de manera “misteriosa” es un Jesús glorificado. Su Ascensión al cielo es un acontecimiento a la vez histórico y trascendente que marca la transición definitiva del Jesús histórico al Jesús glorificado.

De ahora en adelante, nuestra relación con Él no será física, sino espiritual. Pero esta es una relación más íntima y profunda que la que se podría llegar a tener con el Jesús histórico, porque el Jesús glorificado puede estar dentro de nosotros. Porque nuestros pecados, tristezas decepciones y otras carencias surgen del interior como su fuente hacia el exterior, lo que la Biblia llama el corazón. Busquemos a Jesús en el interior y toquémoslo con nuestro corazón. Porque todas nuestras tristezas surgen de nuestro interior en última instancia, por lo tanto, solo pueden ser sanadas de adentro hacia afuera.

Por eso, el Señor nos dice: mira que estoy a la puerta y llamo si me abres, entraré y cenaré contigo. Dejemos entrar al Señor para que Él pueda tocar lo que más nadie puede tocar desde dentro, nuestro corazón.