Opinión - 25/9/16 - 12:00 AM

Olga Sánchez Borbón

Por: José Morales Vásquez Investigador de arte -

En 1974, se dedica a la enseñanza, en el Centro de Arte y Cultura, del Ministerio de Educación y Cultura, dirigido por (el escultor y pintor Carlos Arboleda). Redescubre, entonces, lo que Olga Sánchez llama "un compromiso, su responsabilidad de crear". Sin embargo, al enseñar, le queda poco tiempo para pintar, así se dedica a la cerámica, por ser esta "más relajante y más fácil de compartir con la enseñanza".

De gran honestidad artística, Olga Sánchez habla de la creación artística, emulando la sencillez de los maestros renacentistas que se consideraban artesanos y acepta que, en la vida artística, hay etapas y que, al iniciarlas, hay una "desazón". "Uno trabaja, pero no sabe lo que va a hacer" Y, de repente, "sale algo. Nunca se llega al final", confiesa que su trabajosa es el fruto de una continua búsqueda, investigación constante de formal y estilos. Comenta una percepción, frente a una pintura, en Londres, cuando se ha dado cuenta de que no se necesita hacer nada para en verdad hacer algo. Y cita a Picasso: "uno no debía terminar nunca del todo, una obra y dar la idea de que faltaba alga". Acaba confesando con una humildad que no es compatible con su valor artístico: "uno no tendría coma saber cuándo ha hecho una obra de arte".

En estos breves comentarios de la artista están contenidos los puntos de referencia para analizar la obra de Olga Sánchez: la maestra panameña indiscutible de la síntesis, de la economía técnica, pues logra, con breves y fuertes trazos, en su admiración por la figura humana y su movimiento, el más profundo estudio introspectivo y artístico de la figura humana en el arte de Panamá. Generosa en admitir influencias, cita a su viejo maestro, Manuel E. Amador, como su mentor en esta dirección: "Fueron dos cosas, sobre todo, las que tome de él amor por el desnudo y la voluntad de pintar con concepto y economía, es decir, entender que solo vale el trazo necesario, el resto no se pone".

Su estilo es expresionista y su motivo principal es la figura humana, especialmente plasmada por su condición humana y su belleza plástica. Aunque, cuando vuelve a pintar, después de su periodo de reflexión, se dedica brevemente a bodegones.

En 1986, vuelve a los motivos humanos. Enfoca, en su pintura, la figura humana con líneas fuertes y seguras, trazando movimientos vigorosos y continuos que redundan en estudios de una perfecta composición anatómica, con fuerza, valor y temáticas diversas.

Moldea, también, en cerámica, desnudos humanos, algunos de grandes proporciones que apenas se podían cocer en los hornos de cerámica. No en vano, los críticos, en Barcelona, le decían "escultor frustado", pues su obra en óleos, aguafuertes, grabados o dibujos recuerda la fuerza y la introspección de las figuras cinceladas por Rodin.

Desde su primera exposición colectiva, en 1955, en la III Bienal Hispanoamericana de Barcelona, y de su primera muestra individual, en 1960, en el Ateneo Barcelonés, la crítica ha señalado, sin variantes, su valor creativo.

En sus exordios, en 1964, en la exposición del Ateneo Barcelonés, el crítico Rodríguez —Cruells señala "su fuerza y vibración poética". Analizando su obra, dice: "Figuras deformadas que llevan a un mundo socialmente feroz a primera vista. Empero, si analizamos su concepto técnico, encontramos una calidad vibrátil respaldada por la gama de colores. El color lucha con el rotundo y sólido dibujo hasta convencer al espectador de que la pintura surge gracias a un trabajo intelectual e integrativo".