Panorama sombrío
“Con los pobres de la tierra, quiero yo mí suerte echar”, reza un verso poético del gran José Martí, quien también en una ocasión dijo: “Solo creeré en la democracia cuando al despertar sepa que todos los hombres del mundo han desayunado”.
En Panamá, el gobierno de Juan Carlos Varela va a contravía de esas hondas preocupaciones sociales, porque ejercer el poder es llevar la felicidad al pueblo y ¿qué felicidad puede tener un pueblo con la barriga vacía y el corazón triste?
Mientras los leales capitanes del presidente: Porcell y Humbert, preparan su estrategia para cazar opositores, siguen los operadores del metrobús amenazando con paros, y no se siente el cacareado ahorro de los precios de los artículos de la canasta básica.
Pese a la dramática disminución del precio internacional del barril de petróleo, en Panamá esa rebaja no se refleja por ningún lado.
Al contrario. Se especula de un aumento del precio de la salchicha, un rubro fundamental en la dieta de la familia panameña más humilde.
A fin de mes, los recibos de luz nos traerán la triste y sabida noticia del aumento en la facturación y, mientras tanto, quienes aspiran a darles a sus hijos una mejor educación en colegios particulares se encontrarán con que ya no podrán pagarla por el desmesurado aumento de matrículas y mensualidades.
Mientras esta realidad golpea a miles de familias panameñas, cuan droga exótica, los medios audiovisuales controlados por los factótumes del poder, cercanos al Palacio de las Garzas, nos distraen con espectáculos mediáticos-judiciales para que muchos panameños olviden que esta noche se acostarán con el estómago vacío.
El gobierno actual no está resolviendo los problemas del pueblo, sino que está distrayendo a la opinión pública con espectáculos circenses, para ello nombran a una procuradora y un contralor complacientes y entregados a los caprichos de Palacio y a la voluntad del aspirante a dictador criollo.
