Pelenchinada
Se ganó el corazón de todos los panameños por su carisma y sencillez, a pesar de que a algunos no les gustaba su estilo de boxeo poco ortodoxo. Celestino Caballero llegó a ser el epítome, al igual que el inmenso Roberto “Mano de Piedra” Durán, de lo que los gringos llaman “self made man”, es decir, un hombre hecho por sí mismo.
A su a veces poco elegante pero formidable estilo de golpear al adversario se le denominó “pelenchinada”, pero lo que hoy no podemos aplaudir es que “Pelenchín” Caballero haya decepcionado a su público, a su país y, sobre todo, a la juventud que vio en él un ejemplo de superación.
No vamos a hacer leña del árbol caído, ya el excampeón se declaró culpable y arrepentido, además pidió perdón al país por haberlo decepcionado con su reprochable conducta. Le tocará a la justicia y a sus abogados determinar el final jurídico de Caballero, que no puede ser otro que la cárcel. Lastimosamente.
El hecho es propicio para que nuestra sociedad, y sobre todo los más jóvenes, reflexionemos que el crimen no paga, que el delincuente, en términos estratégicos, es un perdedor social y moral, y que tarde o temprano, la cárcel o el cementerio serán su destino.
Empero, la caída al vacío social del hasta hace poco ídolo deportivo no debe hacernos perder las esperanzas de que es posible que nuestros jóvenes de extractos humildes puedan, a través del deporte y el estudio, superarse y convertirse en ejemplo para otros que vienen ascendiendo.
Panamá tiene muchos jóvenes talentos en diversos campos del quehacer deportivo, artístico, profesional, científico y humanista, por lo que, a pesar de todo, debe mantenerse el concepto de que el trabajo duro, la preparación constante y la voluntad es lo que trae buenos resultados.
Nuestros jóvenes no deben dejarse llevar por el espejismo del dinero fácil y rápido, al margen de la ley, porque al final siempre hay consecuencias negativas.
Solo hay un camino seguro al éxito: trabajo, estudio y constancia.
