Pena
Cómo se pueden perdonar crímenes cometidos por el Estado, si no se conoce lo que pasó y no han sido investigados.
A raíz de una solicitud para que se le otorgue detención domiciliaria a Manuel Antonio Noriega, el papel de los familiares de las víctimas de la dictadura es importante la opinión, aunque el debido proceso decida el futuro.
Desde la percepción de quienes sufrieron pérdidas familiares, la hija del oficial Ismael Ortega, asesinado en la masacre de Albrook, Susana Ortega, dio a conocer la forma en que su padre fue torturado hasta desfigurarlo de manera tal que no se le reconocía.
Pero antes de las acciones de la dictadura militar existen otros hechos, como el ocurrido en 1963, cuando se asesinó al dirigente sindical de las bananeras, Rodolfo Aguilar Delgado, quien fue ultimado por sicarios que, posteriormente fueron utilizados durante el golpe militar de 1968.
Estos son apenas dos casos que nos sirven para reconocer la desidia en la búsqueda de la verdad de los asesinatos y torturas de dirigentes sindicales, campesinos, sacerdotes y militares.
Somos una sociedad sin memoria, por lo que es preciso que las nuevas generaciones investiguen el pasado criminal del Estado, que no reconoce compensación moral y económica por la violación a los derechos humanos.
Responsabilizar a un hombre de todos los crímenes es lo más fácil pero, al inicio de la dictadura, hubo otros actos aborrecibles que fueron cometidos contra personas que han sido olvidadas.
Lo importante de todo esto es sellar una historia de abusos y de dolor, pero conociendo la verdad, porque corremos el riesgo de volver a repetir.
