Persecución, rencor y doble discurso
Cuando el aparato de seguridad, la Contraloría, la Procuraduría y el Órgano Judicial son utilizados por el Ejecutivo para reprimir y meterle miedo a los adversarios políticos, lo único que fomenta es la radicalización de los perseguidos y siembra la semilla de una futura venganza.
El ejercicio del poder debe ser equilibrado. En la historia mundial solo existió un Mesías y por ende las poses de funcionarios que se creen dioses y adoptan posiciones fundamentalistas, lo que traerán es una peligrosa polarización en Panamá.
Los fiscales y jueces deben actuar conforme a Derecho, de manera imparcial y permitiendo el derecho a la defensa y no a base del telefonazo del poderoso de turno.
El poder es efímero, lo fregado de todo es que los que lo ostentaron ayer, hoy y probablemente mañana, parecen no entenderlo y en su ejercicio intentan cerrar el puño y aplastar a su adversario de turno, sin tomar en cuenta que mañana pueden ser ellos las víctimas.
A 25 meses de ejercicio en el cargo, el mandatario Juan Carlos Varela todavía sigue persiguiendo a sus opositores y mantiene encarcelados a otros injustificadamente o quizás por un sentimiento anticristiano de rencor.
Y es que es contradictorio el discurso con la acción de Varela. Un hombre que pregona ser un “alma misionera” que le pide a Dios que lo conduzca a la tierra que tiene sed de lo divino, no puede quedarse pasmado en la persecución.
Un presidente que habla de reconciliación y unidad en la mañana, pero que a la vez anticipa el arresto de la presidenta de un partido opositor, sin duda que tiene un dilema y un doble discurso.
Así las cosas, a la oposición no le queda otra opción que radicalizarse y perder el miedo a la fuerza del Estado de la que tanto se vanagloria Varela. Y es que llega un momento en que la persecución hace fuerte al que la sufre y al perseguidor se le revierte todo ese empeño por aplastar.
