Opinión - 22/9/16 - 12:00 AM

Premios Innovadores de América 2016

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Empresa e industria, ciencia y tecnología, educación, sostenibilidad y ecología, y desarrollo social, son las categorías con las que se pretende impulsar un nuevo modelo de desarrollo en la región.

El panameño David Proenza, con su innovación Urban vertical farms: la agricultura del futuro, ganó -en la categoría Empresa e Industria- el Premio Innovadores de América y se destacó entre los cinco latinoamericanos de cuatro países que fueron galardonados en la tercera versión de dicha premiación, auspiciada por CAF -Banco de Desarrollo de América Latina-.

El panameño fue escogido por los jurados Aníbal Fossatti, de Panamá; Gonzalo Rivas Gómez, de Chile y Mari Carmen Margelí, de España y al igual que el resto de los ganadores, fue premiado con $50 mil, trofeo y certificado que lo acredita como Nuevo Innovador en una ceremonia efectuada en Casa de Campo, La Romana, República Dominicana.

rban Farms, como se llama la compañía, está ubicada en la localidad de Río Hato, que hace parte de la provincia de Coclé y queda a unos 125 kilómetros de la capital. Allí se producen al mes 2,000 lechugas de 5 variedades distintas, las cuales crecen bajo el modelo de agricultura vertical que se deriva de la hidroponía.

 Proenza destinó un espacio de 17 por 12 metros cuadrados para instalar 60 bandejas con capacidad de 30 y 36 plantas cada una. El proceso empieza por la colocación de la semilla, que germina durante 3 días. Posteriormente se trasplanta a su posición de crecimiento en las bandejas durante 3 semanas, para ser recogidas, cortadas y empacadas para su distribución en supermercados. (Lea: Las huertas crecen como champiñones en Berlí.

El productor gana 3 veces más que en el campo. La finca vertical es un 30 % más barata que la agricultura tradicional y 15% que invernaderos. A eso se le suma que el riesgo es mínimo”, dijo Proenza.

 David Proenza, oriundo de ese país, se marchó hacia Japón con el objetivo de aprender un poco sobre el modelo que usan en tierra nipona para producir alimentos de forma controlada. (Lea: En EE.UU. se construirá el huerto vertical más grande del mundo).

 Con ese interés, llegó a suelo japonés en 2010, pasó unos años allí y tras haber aprendido la técnica, ubicó una serie de socios para empezar a estructurar un negocio agrícola rentable. De paso, envió a ese país a otro ingeniero agrónomo para que se capacitara e hiciera parte de la empresa.