‘Pritty’
El avispado personaje infantil llamado Pepito fue temprano a la entrada de su escuela. Les gritó: “fracasados”, “malos estudiantes” a unos compañeros que comenzaban el curso de rehabilitación porque no aprobaron algunas materias como matemáticas y español. Uno de ellos quiso vacilar al bromista. Dijo: “también fracasaron unas muchachas bonitas... así que la voy a pasar ‘pritty’”. Al regresar a casa, Pepito sintió ganas de hacer ese curso para pasarla chévere. Esto sucedió realmente y solo se han cambiado los nombres.
Recordé este chiste al conocer la confusión que se dio en Educación este año con el número de estudiantes que debían rehabilitar. Al principio se indicó que eran veintisiete mil estudiantes, después cuarenta mil. Aunque este año hay menos que en años anteriores, es negativo para la educación tales fracasos. Significa pérdidas de dinero, tiempo y desgaste de instalaciones escolares. Además, ¿en unos cuántos días se aprenderá lo que no se logró en meses? Para los padres son gastos extras y a veces problemas para el disfrute de las vacaciones familiares.
Estoy seguro de que muchos de estos fracasos se habrían evitado si desde el comienzo a los estudiantes se les hubiese dado reforzamiento en sus estudios. Hay que tomar en cuenta también los problemas familiares que influyen en el rendimiento del alumno. Añada las horas perdidas con las tabletas y videojuegos. Otros expertos y hasta personas comunes señalan que la influencia negativa de la calle igualmente hace daño. Más de uno afirma que es el desarrollo (hormonas alborotadas) del niño que entra a la adolescencia.
Cuando era niño no se les daba tantas facilidades a los fracasados. Perdían todo el año por unas materias no aprobadas. Y recibían unos correazos. Era una vergüenza para el chiquillo haber fracasado y no era “pritty” esta situación. Se quedaban sin vacaciones como castigo. Ahora hacen todo lo posible para que pasen y no se les puede dar su buena “cuera” porque los denuncian por maltrato a las autoridades. Muchos estudiantes no entienden el daño que será para su futuro no aprender.
En el Instituto Nacional de los años 50, un profesor de Física de apellido Salvat era famoso porque no fracasaba. Él justificaba su actitud diciendo: “después la vida se encargará de fracasarlos...”.
