Profanación
En los últimos días nos hemos enterado de varios casos de hurto en perjuicio de iglesias, tanto en barrios populares como exclusivos de la ciudad capital lo
En los últimos días nos hemos enterado de varios casos de hurto en perjuicio de iglesias, tanto en barrios populares como exclusivos de la ciudad capital lo que, sin duda, es un mayúsculo irrespeto.
Si son jóvenes los que cometen estas abominaciones, no nos queda más que deplorar sus acciones y recomendarles un cambio de actitud para que no formen parte del censo de las cárceles del país y, en vez de seguir ese oscuro camino, busquen un empleo digno para ellos y para sus familias.
Por el contrario, sin son adictos a las drogas y se introducen en una iglesia para buscar la forma de obtener dinero y seguir en su adhesión a las sustancias psicotrópicas, deben ser ingresados en un centro de atención.
En un país con tanta prosperidad nos encontramos cada día con casos que estremecen nuestra conciencia, lo que transforma el diario vivir en jornadas de angustia e inseguridad.
Si a lo interior se suma la muerte de personas inocentes a manos de la delincuencia, por encontrarse en el lugar y momento equivocado, llegaremos a la conclusión de que las autoridades deberán cambiar los métodos de prevención y represión del crimen.
Todo lo que está ocurriendo es una forma de desajuste social y una llamada de atención para que se revisen los fundamentos de la sociedad, donde se ha desatado el irrespeto a la vida y la propiedad, sin que se hayan logrado encontrar los correctivos necesarios.
Si los delincuentes son capaces de ingresar a los templos y llevarse objetos sagrados para nuestra fe y hasta asesinar a un sacerdote como si nada, nos preguntamos en qué sociedad estamos viviendo y qué nos depara el futuro.
