¿Qué podemos aprender de los Reyes Magos?
Cuando era pequeño, esperaba con gran ilusión la noche en que pasarían los Reyes Magos a dejar sus regalos. Con mis hermanos -a instancias de nuestra madre- preparábamos algo de comer a tan distinguidos visitantes, por lo general galletas con chispas de chocolate (las preferidas de mi papá), y un poco de leche fresca. Recuerdo que muy temprano, ese día de Reyes, despertaba con una intensa curiosidad y efusiva alegría. Nada más abrir los ojos y sin salir aún de la cama, miraba los zapatos y calcetines para ver cuántos caramelos, chocolates y dulces había recibido.
Nuestro deseo más grande era poder ver a los Magos; por eso, además de dejarles algo de comer, preparábamos con atención algunas trampas que los hicieran tropezar y así nos despertaran con el ruido de sus pisadas. Nuestro padre nos ayudaba siempre, pero al final, nunca supimos cómo los Reyes se comían las galletas, se tomaban la leche, nos dejaban los regalos y se iban sin hacer el más mínimo ruido.
Los Magos de Oriente eran astrólogos y sacerdotes del zoroastrismo, típicos del Imperio persa; hombres sabios, filósofos, científicos, que buscaban la revelación de la Verdad a través del cosmos y, siguiendo una estrella, llegaron a Jerusalén.
Por ello, llenos de alegría, se postran y lo adoran. Son tres los dones que traen los Reyes: oro, incienso y la mirra. Es este el verdadero regalo del Padre, que nos permite donarnos los unos a los otros. Por este motivo, en este periodo del año acostumbramos intercambiar regalos, como signo y expresión de que hemos recibido del Niño Jesús aquella capacidad de vivir y de amar de un modo nuevo, sin temor a la muerte, con la certeza de la vida inmortal.
Todos podemos aprender de los Reyes Magos, que caminaron buscando la Verdad, siguiendo la Luz; preguntando y solicitando ayuda con humildad. Lo reconocen y al final, después de adorar al Niño, escuchan la voz de Dios a través de sueños, advirtiéndoles que regresen por otro camino. También nosotros, encontrándonos con Cristo, podremos nacer a la vida, y rechazando en todo al enemigo, retomar el camino seguro que nos lleva a la Paz y la Verdad.
¡Les invito a que cada semana dediquen tiempo para adorar al Hijo de Dios en el Santísimo Sacramento expuesto y disfruten así las maravillas de su amor!
