Opinión - 23/5/16 - 12:00 AM

Querer al padre ausente

Por: Javier González Sánchez Periodista -

El síndrome del padre ausente consiste en sentir que nuestro padre no es accesible para nosotros a nivel emocional. Estos padres establecen barreras. Suelen parecer personas frías a las que no les interesa nada salvo ellos mismos. No solo tienen problemas para conectar con sus hijos, sino que también les cuesta establecer vínculos afectivos con personas ajenas a la familia. Intentan evitar abrirse a nivel emocional para así no sentirse vulnerables.

Se puede reconocer a un padre ausente porque no expresa sus sentimientos y no reconoce los de sus hijos. No valora el hecho de que el niño hable de sus emociones en casa, no escucha cuando le cuentan su día o piden ayuda con sus problemas.

Los comportamientos compulsivos también crean una barrera comunicativa. La adicción al trabajo, el estrés o los problemas dentro de la pareja hacen que el padre deje de prestar atención a su hijo aunque, en realidad, el desarrollo profesional no tiene por qué estar reñido con la paternidad.

A veces los niños expresan este vacío por medio de la ira. En la adolescencia suelen manifestar sentimientos de inseguridad, depresión, tendencia al autosabotaje, al fracaso e incluso pueden llegar a consumir sustancias tóxicas. Suelen tener más dificultades que el resto para desarrollar su personalidad. Empatía, honestidad o integridad son cualidades difíciles de adquirir para los hijos de padres ausentes. En la edad adulta, los sentimientos de inseguridad se incrementan. La ansiedad se traslada a las relaciones personales y dificulta que se establezcan vínculos afectivos sólidos.

Para un niño es difícil comprender que no es su culpa que su padre no le muestre afecto. Esto es lo más difícil de superar. El sentimiento de culpabilidad y la sensación de no ser lo bastante bueno son constantes en estos niños. Lo más importante es aprender a tratar con los sentimientos. Es complicado reconocer los propios sentimientos y compartirlos cuando creces sin referentes que lo hagan. Una estrategia errónea es intentar cambiar la forma de ser del progenitor. Es importante mostrar al padre ausente que se siente afecto por él. Aunque parezca que no prestan atención, estas manifestaciones de afecto pueden romper poco a poco el muro que ha construido a su alrededor.

Privar a un niño del cariño de una persona a la que admira es algo que puede doler más que un puñetazo. Por muchos muros que construyan, un hijo siempre sentirá afecto por las pequeñas cosas que le unan con su padre. Los niños necesitan oír que están orgullosos de ellos, necesitan saber que les quieren, necesitan un padre.