Opinión - 06/7/14 - 07:10 AM

Rebaja de la canasta básica

Redacción

Mañana debe entrar en vigencia el decreto que supone la rebaja de 22 productos de la canasta básica de alimentos y que en teoría debe representar un ahorro de 58 dólares en el presupuesto familiar.

La medida es plausible, sin duda. Nadie está en contra de que los panameños puedan adquirir productos a un mejor precio, pero todo indica que se impuso a la brava y sin mayor consulta, por lo que no hay que ser genio para vaticinar que habrá escasez, porque como reza el dicho: nadie compra huevo para vender huevo.

Si el principal gremio involucrado en la medida como es el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) aduce que no fue consultado, entonces de qué estamos hablando.

Da la impresión de que se trata de una propuesta para cumplir una promesa de campaña que fue lanzada sin mayor análisis, porque hasta los propios funcionarios involucrados en la medida hasta días antes de su promulgación desconocían su alcance.

Ya los ganaderos y los arroceros han puesto el grito al cielo porque los números no dan.

En el caso de la carne, sin duda, habrá escasez, porque cada día se sacrifican reses que aportan 19,200 libras de babilla y 14,400 de jarrete, que son dos de los 4 cortes cuyo precio se rebaja. ¿Qué significa eso?, que todos van a ir en busca de estos y van a encontrar un gran letrero: ¡No hay babilla ni jarrete!

En una economía de mercado como la panameña funciona el libre mercado, y la intervención del Estado al final distorsiona todo. La competencia con variedad de opciones de compra favorece al consumidor, que puede escoger entre productos de diversa calidad y, por ende, de precios. Eso es simple.

No hay que mentirle a la gente: las únicas formas de mantener bajos los precios de productos básicos como el arroz y la carne es mediante subsidio estatal o lograr sectores eficientes y tratar de reducir la cadena de intermediarios. ¡Esto no es soplar botellas para rellenarlas de licor!