Relajo
Nadie se imagina a los escoltas del presidente Barack Obama paseando a las mascotas Bo o Sunny ni llevando a las hijas del gobernante, Malia o a Natacha, a la escuela.
El Servicio Secreto que protege al presidente de la nación más poderosa del mundo tiene claro cuáles son los protocolos en estos casos.
Solo aquí en Panamá, donde vivimos una democracia “sui generis”, hasta a un simple viceministro o director de institución, incluso a los diputados, les ponen “escoltas” y “seguridad”, que para colmo de males, no solo los asiste en sus funciones oficiales, sino en las extracurriculares.
Otra deficiencia más del Gobierno es la de los llamados “escoltas” o “seguridad”, ya que no hay una clara normativa de necesidad real, prerrogativas, competencias y prohibiciones de estos funcionarios, que son pagados con nuestros impuestos.
A raíz del escándalo que provocó la renuncia de una viceministra y del pánico que incitó en una administradora de institución, al ser vista llevando a su hija a una clínica en horas laborales, ya es momento de que se legisle con seriedad sobre el tema de los escoltas de los altos cargos y cuál debe ser el alcance de sus funciones.
Los escoltas están para custodiar a los altos cargos solo cuando ejercen las funciones, únicamente los expresidentes tienen la prerrogativa de tener seguridad más allá de su cargo. Los escoltas no están para transportar a familiares ni hacer mandados, tampoco llevar y traer mascotas.
Buen sueldo ganan los ministros y viceministros, por lo que si desean que sus familiares sean custodiados, deben pagarlo de su propio peculio.
Lo contrario es propiciar el abuso, el desorden y conductas delictivas relacionadas con el peculado.
Hay que legislar urgente sobre una “ley de protección y seguridad a altos cargos públicos” para acabar de una vez por todas con el relajo imperante en este campo.
