Renovarse o morir
La Constitución política del país define en su artículo 138, los partidos políticos como mecanismos que concurren a la formación de la voluntad popular, es decir, como genuinos entes de formación y discusión democrática basada en la voluntad de mayoría con respeto a las minorías.
Por ello, resulta un triste espectáculo político el que ofrece a la sociedad panameña las pugnas que en este momento sacuden al opositor Partido Revolucionario Democrático (PRD), que amenaza con llevarlo a la destrucción total y a su desaparición de la faz política del país.
En el 2004, fueron derrotados por un partido nuevo y pujante, Cambio Democrático, y en el 2014, por un panameñismo que los arrojó al tercer lugar de la contienda. Hoy enfrentan la sombría perspectiva de encontrarse 10 años fuera de la gestión gubernamental.
En una década pasarán muchas cosas: morirán liderazgos, otros nacerán, el inexorable transcurrir de la vida, hará que algunos perezcan, otros envejezcan, lo cierto es que el futuro de ese partido es opaco y gris.
Renovarse o morir es la consigna si quieren tener continuidad.
Es triste. Los partidos son vehículos para la formación de la democracia, y si la democracia es el gobierno de la mayoría, entonces que los organismos directivos de ese colectivo no se hagan de oídos sordos al clamor de las bases y dirigentes que quieren una renovación porque si no, el anquilosamiento que ahora exhiben los llevará a la desaparición.
