Rescate del olvido #373 Al gran maestro y amigo Eudoro Silvera
En la página https://cassioppea.wordpress.com/artistas/, encontramos el artículo titulado “ARTISTA NACIONAL” “Eudoro ‘Lolo’ Silvera”.
Fue un espécimen único nacido para dedicar su vida totalmente a la cultura. Creo que todos los panameños conocemos a Eudoro Silvera, pero lo más probable es que todos hallamos conocido una faceta diferente (de las tantas que tenía). Artista plástico, músico, vocalista, escritor, filósofo traductor, caricaturista, docente, decorador, escenógrafo… bueno, en fin, si hubo algo dentro de las artes que Eudoro Silvera no experimentó, fue porque la vida no le alcanzó.
Hombre intelectual, de un humor jovial e incisivo, que se mantuvo creando hasta su último día el 24 de abril, 2010. Muchos lamentan su ida… su ausencia y el gran vacío que nos deja en la escena artística panameña, pero siempre es mejor recordar y rememorar su presencia.
Lolo nace el 7 de mayo de 1917 en David, Chiriquí. Desde su llegada al mundo es claro que su camino es la cultura. Hijo de Josefa Castillo y Rafael Silvera, amantes de la buena música y el arte. Juntos crearon un semanario jocoso llamado “El Mosquito”, donde la madre dibujada las caricaturas y el padre escribía los epigramas. Pero no solo el humor era parte de su vida diaria. La madre era pintora y el padre fanático de la opera italiana y le mostraba revistas con reproducciones de obras de principio de siglo.
La familia se mudó a la cuidad y hace su bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto Nacional. Ya desde esa temprana edad, varios profesores notaron su inclinación artística. Estando en la clase de inglés de don Julio Zachrisson se la pasaba dibujando y dibujando hasta que, un buen día, don Zachrisson junto con el director deciden darle una “nota de pase” en inglés, para pasar esta hora en clase de dibujo con Roberto Lewis.
“Roberto Lewis era un cascarrabias… siempre se las ingeniaba para desanimar a los que él consideraba que tenían nada de talento para quedarse con su grupo de elegidos. Creo que él nunca consideró que yo poseía talento… Yo solo dibujaba porque él nunca me permitió pintar. Éramos unos doce o catorce alumnos, de los cuales él se “quedaba” con seis o cinco. En mi caso, él no me dejaba pintar porque no absorbía tanto como hubiera querido y como lo hacían otros, fue la causa de que me fuera para la Escuela de Opera”.
En 1933, se retira de las clases con Lewis y se inscribe en clases privadas de solfeo y teoría con Herberto de Castro y de canto con Alfredo Graziani. En estos años llegó a cantar como capo di coro de la Escuela Nacional de Ópera que dirigía Graziani. Además, trabajaba como caricaturista en el diario “La Hora”, donde se especializaba en caricaturas sobre el presidente Remón Cantera.
Cuando finaliza su bachiller, trabaja para Ricardo J. Bermúdez y Guillermo de Roux como dibujante de arquitectura en el Ministerio de Obras Públicas. Trabaja durante 7 años hasta que ahorró unos mil balboas con los que va al Consulado de Estados Unidos y pide una visa.
Y así, viaja en 1942 a Nueva York para asistir a Copper Union Institute, donde continua con sus estudios de pintura, y a Julliard School of Music, donde estudia música con especialización en literatura de concierto para cantantes. También estudió alemán, francés e italiano mientras vendía sus caricaturas a algunos periódicos de Nueva York como el ahora difunto “Daily Worker”.
Continúa.
