Opinión - 10/1/15 - 12:00 AM

Responsabilidad

Por: Por: Fermín Agudo Atencio / Escritor -

Hoy estoy movido por la voluntad transmisora de las funciones sinápticas de las neuronas, de donde se desprenden las energías que producen los ávidos movimientos musculares voluntarios e involuntarios, base interactiva promotora de los iluminados, canteras de los soberbios ideales que agilizan las fuerzas sociales de los pueblos en el orbe.

Nosotros somos poseedores de las distinguidas cualidades que nos hacen diferentes a los otros seres, destinándonos un sitio seleccionado en la existencia, como medio dinámico e indiscutible para salir adelante.

En ese estuche de riquezas llamado cerebro, encontraremos el arsenal de pujantes energías que dignifican los atributos indiscutibles: ser hombre es ser consciente y ser responsable. Tales cualidades inseparables vanaglorian al individuo y lo preparan para salir adelante en este cúmulo de dificultades que involucran la existencia. La conducta en el pasado era vocera de la rectitud y la responsabilidad, hoy no sé de dónde nos ha llegado la petulancia prevaleciente de orden connotados en ofrecimiento de un panorama rival de viejos contra niños, ostentándonos las obvias dificultades de poder establecer distintivos considerables entre una conducta y la otra. La incoherencia del padre que deserta del hogar dejando los hijos en completo abandono es como la del principiante que trata de convencer al maestro porque no ha contado con el tiempo suficiente para cumplir con estrictez su tarea. Somos invadidos por la pasmosa incapacidad discordante, venida para encontrarle excusas a todo lo que encierra compromiso, son las susodichas tácticas evasivas y dilatorias que nos sustraen la paciencia, y las convirtierten en impotencia.

Cada situación enfermiza que la vida nos plantea exige de nosotros la resolución rápida de sus incidencias negativas. Buscar la génesis de las evidencias, califica el carácter de la personalidad y de paso, establecer las debidas recomendaciones.

El edificio tiene que afincarse en su piedra angular, pero si ella ha sido colocada por la incapacidad, el riesgo de desplomarse será fidedigno y siniestro. Mi paciencia se desorienta, como el alma que vuela desgaritada entre las brumas de las sombrías montañas del cielo.