Salud, dinero y amor
Los brujos, adivinadores, babalaos y demás servidores del demonio ofrecen a la gente salud, dinero y amor; ofrecen eso porque eso es lo que la gente quiere
Los brujos, adivinadores, babalaos y demás servidores del demonio ofrecen a la gente salud, dinero y amor; ofrecen eso porque eso es lo que la gente quiere y anhela en sus vidas. La codicia del dinero es la raíz de todos los males, eso ya lo sabemos.
Así mismo está sucediendo en las iglesias evangélicas. Hay supuestos pastores predicando salud, dinero y amor porque el pueblo quiere las bendiciones materiales y no les importa la bendición de Dios.
Un verdadero sacerdote de Dios nunca predica lo que la gente quiere escuchar, predica la palabra de Dios, duélale a quien le duela. Así ordena la palabra: “¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo, se vuelve enemigo de Dios”. Santiago 4:4.
Hay que decirlo, en las iglesias se prédica la brujería y la hechicería con falsas doctrinas, llamando al pueblo a pactar, “torcerle el brazo” a la voluntad de Dios y frustrar los planes de salvación del Codero Sacrificado. Propósitos que son imposibles.
Es triste que estos supuestos pastores, más bien hijos del infierno, se aprovechen de la desesperación de la gente, del hambre y la miseria para engañarlos con falsas promesas y mentiras a cambio de que entreguen su dinero, pacten y siembren para acrecentar las propiedades, tierras y fortunas personales de los ungidos por Satanás.
Las prédicas por dinero se agarran de la codicia del pueblo, que en su mente es incapaz de distinguir entre lo que es de Dios y lo que es del “príncipe de este mundo”. Los creyentes son analfabetos bíblicos, no tienen discernimiento para darse cuenta de que están siendo estafados.
Busca a Cristo y su palabra de verdad que está en la Biblia y todas estas cosas te serán reveladas. No caigas en los huecos abiertos por los anticristos que hoy llevan a miles por su camino de avaricia hacia el mismo foso del infierno.
¡Por la verdad murió Cristo! Amén.
