Sobras
Frente a nosotros estaba el filete de pescado. Mi esposa y yo pasamos minutos pensando qué haríamos con esas sobras de comida. También había una ensalada verde que no fue consumida. Nos resistíamos a dejar tirada esa comida ante las decenas de miles de panameños que en ese momento no habrían almorzado porque no consiguieron dinero para comprar sus alimentos. La primera solución fue pedir que el restaurante nos hiciera un plato especial para regalarlo. Aquí comenzó toda una actividad mental que duró varios minutos. La solución más fácil era entregárselo a alguien que no hubiese comido. Pero ¿a quién y cómo dárselo? El asunto no era tan sencillo como parece.
Se pensó circular en el auto por las calles de Volcán, donde hacíamos turismo interno. Surgió una pregunta que nos detuvo. ¿Y si ese desconocido se ofendía porque le regalábamos la comida? Nuestras mentes se fueron por el "túnel del tiempo" y aparecieron experiencias no muy positivas sobre esta situación especial. Una vez saliendo de una panadería con un cartucho para el desayuno, se acercó un niño pidiendo limosna. Se le dio el cartucho con un pan calientito y oloroso para que se lo comiera. De inmediato apareció un señor molesto. Gritó que él era el padre del muchacho y ya le había dado desayuno. Advirtió que lo que quería el niño era dinero y no comida.
En otra ocasión, una señora vio a un niño pobre frente a su casa. En lugar de darle plata, le regaló un plato de comida. Al día siguiente se apareció el niño con su hermanita para que también le dieran comida. La buena señora lo hizo. Días después, los niños fueron con su madre y más tarde el padre. La dama consideró que no podía alimentar a toda la familia. El agradecimiento que recibió de ellos fueron varias piedras que le lanzaron a la casa y gritaron que era una mala mujer. Hace años, a un conocido que trabajaba en una línea aérea le dolió que al terminar el viaje en México se botaran decenas de platos de comida que sobraron. Los recogió y se los dio a personas pobres. Este gesto humanitario casi le cuesta el puesto. La empresa señaló que esos regalos podían ser causa de una demanda para sacarle plata si alguien se enfermaba por comer esa comida.
Se calcula que una tercera parte de la comida se pierde en Panamá y otros países. Ahora hay una organización que alimenta a miles de panameños pobres con comida que antes se botaba. Después de varios minutos de meditar, decidimos dejar que el restaurante botara esa comida. Nos fuimos con un sabor amargo en la boca... porque esa organización no estaba allí.
