Opinión - 20/8/16 - 12:00 AM

Sobre Gucci, el arresto de Alma y otras injusticias

Por: Carlos Christian Sánchez Columnista -

Quien dude de que en Panamá no hay justicia, solo vea las noticias de la semana que termina: mientras el varelismo ordenaba al Ministerio Público (MP) detener a la presidenta encargada de Cambio Democrático (CD), Alma Cortés, por mera persecución política, a la dueña del famoso perrito Gucci, que es connotada dirigente ñame, le hacían fácil su caso en el Edificio Avesa. Las sonrisas lo decían todo.

Esa selectividad en el sistema judicial, apegado al poder presidencial de turno, ha sido muy notable en la administración varelista. Muchos líderes del CD fueron detenidos por venganza de los panameñistas: José Raúl Mulino, Frank de Lima, Porfirio “Bolita” Ellis y ahora Alma Cortés. La excusa es simple: casos amañados preparados en Quarry Heights, desde donde llevan a los funcionarios perseguidores del MP expedientes brujos, para luego hacer un “show” mediático judicial.

Noten igual que las denuncias de casos de corrupción en el gobierno varelista no avanzan. Allí está “Bailarino”, el “Médico brujo” que atendía sin tener idoneidad, a niños enfermos. ¿Y qué decir del famoso asesor ñame que su bufete hundió la imagen internacional del país, gracias a los Panamá Papers? ¿Por qué el MP no investiga con similar diligencia como lo hace con los opositores del CD a los allegados del varelismo?

Recorriendo las calles y observando la reacción de la opinión pública, notamos que la mayoría de los panameños está clara en la enfermiza campaña vengativa del gobierno de turno, que en vez de resolver los graves problemas nacionales, como el desempleo, el estancamiento económico, la inseguridad y la crisis migratoria, se la pasa persiguiendo a los seguidores de Ricardo Martinelli. Muy bien lo dijo el dirigente del Partido Revolucionario Democrático (PRD) Carlos Pérez Herrera, en un tuit: Cada vez que hacen una detención de un dirigente del CD, es darles propaganda a los opositores.

Sin embargo, preocupa el odio, rencor y estrés que crean estas maniobras de persecución política judicial, elaboradas por los militares que respaldan al varelismo. Por ahora, Panamá no ha llegado a los niveles de intolerancia de Colombia, México o Centroamérica. Ojalá eso nunca cambie.

Dejo aquí un pensamiento: “Cuando los varelistas encarcelaron a los CD, guardé silencio porque no era de ‘los locos’. Cuando vinieron a buscar a los de Frenadeso, no protesté porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron por los PRD, no pronuncié palabra porque yo no era del partido de Omar. Cuando finalmente vinieron a por mí, no había nadie más que pudiera protestar”.

Panameño, si me callan, nos callan. Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigos...