Opinión - 09/3/16 - 12:00 AM

Taxistas

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

Los conductores de taxis en algunos países son famosos por su manera especial de ser. Haciendo turismo interno en David, Chiriquí, pudimos comprobar esto. Aprovechamos la ocasión para hacer un estudio sociológico sobre los diferentes tipos de personas que allí manejan taxis. Encontramos unos diez que podrían aparecer en una película de comedia y drama. Ellos son: 1) El Lúgubre. Se puso a hablar sobre la muerte, lo que no nos gustó. Señaló que después de muerto, no hay nada. Buscando disminuir el mal efecto de su charla, indiqué: "Creo en la reencarnación. Así que nos veremos dentro de cien años en un taxi que circula por el aire, en la supermoderna ciudad de David".

2) El Chistoso. Muy serio nos preguntó si conocíamos quién era el que mataba, era difícil de controlar y que podía vivir en el agua y la tierra. Pensamos que sería un terrible asesino y él sonreído contestó que era el mosquito del zika. No nos gustó que nos tomaran "el pelo". El número tres es el Imprudente. Estacionó el taxi en medio de la calle. No le importó que varios vehículos se detuvieran y comenzaran a tocar el pito. Tuvimos que tirarnos a media calle y subir al taxi porque no quiso hacerse fuera de la vía. El número cuatro es el Religioso. Escucha música y charlas religiosas.

En quinto lugar está "el Tumba". No dice una sola palabra durante todo el viaje. A veces va volando en el auto y uno se queda callado por miedo a distraerlo. En el lado contrario está "el Dicharachero". Se la pasa cantando la música que tiene a todo volumen y que por cierto no es ópera. También soportamos al Preguntón. Quiere saber de dónde somos, si somos pareja y cuánto tiempo nos quedaremos en la ciudad. A veces se atreven a preguntar qué vamos a hacer al sitio a donde nos lleva. Peor es soportar al número ocho, el Politiquero. Varios hablan a favor del Gobierno y otros en contra. Puede encontrar a alguien que diga que no le gusta la política, pero es experto en ella.

Causa disgusto el noveno tipo de taxista, el Atrevido, que los hay en diferentes ciudades del país. Casi siempre aprovecha que una dama esté sola para decirle piropos de mal gusto. Menos mal que también hallamos taxistas amables que hasta bajan para abrir la puerta. Uno de ellos, con mucho orgullo, nos dijo que tenía diecisiete años de manejar. Le respondí que yo manejaba hace más de sesenta años en la ciudad de Panamá... pero al estar en David prefería usar taxis. (Se nos olvidaban los Ecológicos, que afirman que antes la ciudad de David era mejor porque había más árboles y menos basura).