Opinión - 09/7/16 - 12:00 AM

Temeraria exigencia

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La XXIII Conferencia Regional de la Interpol de las Américas, reunida en Panamá, dejó dos claros mensajes: el primero, el firme compromiso de las organizaciones internacionales de policía de combatir el delito, y el segundo, que estos organismos no serán instrumentos de persecución política.

Esta precisión es oportuna a propósito de la desatinada, por decir lo menos, exigencia de la procuradora panameña Kenia Isolda Porcell, quien le reclamó al jefe del organismo, Jürgen Stock, la falta de respuestas a las 34 “alertas” solicitadas por  el Ministerio Público y entes judiciales aherrojados, de las que Interpol parece no haber hecho ni caso. Claro: Interpol no se presta para sinvergüenzuras políticas.

Estas “alertas” tienen que ver con exfuncionarios de la anterior administración, a quienes se les ha abierto procesos en clara violación a las garantías procesales, legales y constitucionales.

La respuesta del jefe de la Interpol fue contundente, ya que el organismo no se dedica a perseguir a políticos, ni se presta para ser brazo represivo de enemigos de los poderosos de turno.

Esta es una lección que la perseguidora debería tener por sabida, pero a contrario sensu, persevera en la contumacia y la necedad. ¡Interpol no persigue políticos, téngalo claro señora!

A contravía de la lógica y el Derecho, ahora pretenden montar una campaña de desprestigio contra los medios de comunicación críticos a la actual administración.

Esta campaña, orquestada desde lo más alto del poder, pone de manifiesto la orfandad política del actual régimen que no tiene piso político ni base social de apoyo.

Cuando un régimen gobierna sin apoyo popular, deviene en tiranía, porque va en contra de la sociedad.

Es por ello que debemos ver el absurdo pedido de las autoridades como parte de esa política autoritaria, que no se mide en exigirle a un organismo supranacional, que cumpla con los caprichos del poderoso de turno, que  cegado por el odio, gobierna a espaldas de su pueblo.