Tilín tilín
Ya pasaron dos años del gobierno de Juan Carlos Varela, ¿y? Nananina. Dos años en los que un pueblo ha esperado pacientemente que nuestro “presi” cumpla así sea UNA promesa de campaña, pero nananina. Nadie le pide milagros ni que sea un Martinelli. Una promesa, una. No demandamos grandes hazañas ni que salga a trabajar a las 5:00 a.m. como su archienemigo, pero por lo menos que se sacuda las sábanas a las nueve. Ya no esperamos que tape todos los huecos de las calles, pero que tape aunque sea UNO, unito. Eso sí, para figurar en las fotos de las obras que otros hicieron está de primerito.
Dos años de mucho humo y poco fuego, puro tilín tilín y nada de paleta. Yo sé que no se le puede pedir demasiado, lo tuvimos cerquita dos años y estamos claritos que no sabe ni le gusta trabajar. Simpatiquísimo contando chistes y robando cámara mientras Martinelli sudaba la gota gorda para cumplir sus promesas de campaña.
No le exigimos que camine en los zapatos del pueblo, tampoco que se despeluque, pero que por lo menos haga el esfuercito de salir a una rondita en su caravana blindada para darse cuenta lo bien que sus ministros siguen su ejemplo. Varela nos ha metido en una película como la de “Willy Wonka y la Fábrica de Chocolates”, pero en cámara lenta. Cuando debió decir SÍ, dijo NO. Lo que debió subir se cayó, lo que prometió bajar se subió y los $58 se salieron de control. Si hubiera pasado sus comerciales de campaña al revés, estaría volando en las encuestas.
Varela, muy guapo, eso sí, no se baja de los Ferragamo porque antes muerto que sencillo. Él inventó una nueva forma de gobernar que la Real Academia de la Lengua está considerando incluir en el Pequeño Larousse Ilustrado: bultocracia.
En dos años no se le conoce obra alguna. Y a los tuiteros del “call center” pagados con fondos públicos les recuerdo que un inodoro no es una obra, es un insulto, no importa cuánto Photoshop le pongan al Snapchat. Ahora que las encuestas le están saliendo mal, son como los libros apócrifos, pero cuando le favorecían hace un año, eran benditas. Nada pasa por casualidad, una obra, unita, pero nananina.
Nadie le pidió nada, él se explayó y prometió, pero a la hora de los mameyes, se “flateó”. Esto es para los Récords Guinness. En 24 meses, 730 días, ni una obra, ¡UNITA! El pueblo ya le perdió la paciencia y le está perdiendo el respeto. Quiero terminar recordando una de las tantas promesas cumplidas de Ricardo Martinelli, citando al gran filósofo panameño Jumbo Man: “Arroz a 30, lenteja a 70, aceite a dola pa freí en la cacerola. Azuca 45, harina 35, los vegetales mixtos a solo 65”.
