Un hijo que terminará mal
Monseñor Emiliani, soy una madre desesperada. No sé qué hacer con mi hijo de quince años. Ya comienza a andar con unas malas amistades que yo sé que están fumando marihuana y quizá consumiendo “la piedra”. El está raro últimamente y se encierra en su cuarto por horas y sale y vuelve tarde en la noche. No puedo con él. Cuando se le dice algo se pone histérico, levanta la voz y los vecinos escuchan sus vulgaridades. No respeta ni a su abuela, con quien se llevaba tan bien cuando era niño. Hasta su forma de vestir ha cambiado, pues usa unos pantalones anchos y el peinado es el de esos muchachos que se ponen brillantina y se levantan el pelo. Lo único que escucha es música reguetón y hace señales raras con los dedos. Lo vienen a buscar y se lo llevan supuestamente a jugar fútbol, pero qué va, yo ya he sabido que se reúnen cerca de una gasolinera a fumar esa droga. Ya han tenido peleas con otros muchachos y usan palos y cuchillos.
Estimada señora, su problema es difícil de enfrentar, ya que está tratando con un adolescente que empieza a descubrir la vida emocionante y placentera con amigos que actúan con violencia y se hacen respetar. Él se está haciendo “dueño” de su existencia y está convencido de que lo que vive es lo válido. Se unen en su experiencia las emociones intensas producto del riesgo, las amistades que llenan sus vacíos, el sentirse que él ya puede decidir y el ver que ya es “alguien” en el barrio, porque se le teme y se le toma en cuenta, aunque sea como un “rebelde”. El consumir drogas le hace vivir en un mundo de fantasía que además le quita el miedo.
Pedir a jóvenes de la parroquia que pertenezcan a grupos de ayuda que se le acerquen y le hablen. Motivarlo para que asista a charlas, predicaciones, eventos espirituales, aunque sabemos que pondrá resistencia. Pedir a algún adulto de su familia, tío, abuelo, primo, que le hable de hombre a hombre y le haga ver la realidad.
