Opinión - 06/3/16 - 12:00 AM

Un hombre deprimido

Por: Por:Rómulo Emiliani Monseñor -

No veo otra salida que la muerte. No salgo de este hoyo. Me siento hundido, frustrado, sin ganas de nada. Ningún negocio mío ha funcionado. Mi padre me ha estado ayudando en la medida de sus posibilidades. Pero ya también él está cansado. Terminé trabajando en la administración de un pequeño hotel y ya me despidieron. Mi mujer ya está harta de mí. Tengo tres hijos y es mi padre el que paga el colegio de ellos. Nada me sale bien. Últimamente he estado tomando licor con unos amigos y es el único momento donde siento algo de paz en mi alma. Tuve muchas cosas. Nunca administré bien nada. En los tres negocios que mi papá montó para mí, al final todo fue un gran fracaso. Tengo una carrera de administración de empresas con un título sacado en México. Vivimos en una casa propiedad de papá. Mi mamá falleció hace 8 años y desde entonces siento un gran vacío en mi alma. Por otro lado, no he encontrado consuelo ni en la Iglesia Católica ni en templos evangélicos. Me quiero morir. Me la paso encerrado en mi cuarto. No quiero ver a mis hijos. Con mi esposa tengo peleas continuas. Ella sí trabaja y ayuda con algunos gastos de la casa. Soy un fracasado. No sirvo para nada, no valgo nada.

¡Alto! ¿Cómo que no vale nada? Vale la sangre del hijo de Dios que murió en la cruz por usted. Él derramó hasta la última gota de sangre por su salvación. Él en la cruz moría pensando en usted, pronunciando su nombre y diciéndole: “muero por ti”. Dios siempre piensa en usted y lo ama sin límites. ¿Cómo que no vale nada? Dios lo creó a su imagen y semejanza y siempre ha tenido un plan maravilloso para usted. Usted nació para ser alabanza de la gloria de Dios. Desde la eternidad el Señor lo ha tenido en su corazón misericordioso. Y Él quiere recibirlo en el cielo, donde hay una “morada” para usted.

En segundo lugar, no diga jamás que todo está perdido. Que ya no hay nada que hacer. Siempre hay un camino nuevo, una nueva ruta que aparece en la medida que uno busque con paciencia. Ha fracasado en varias empresas y ¿quién no ha fracasado en la vida? La vida no es fácil. Esto es una continua lucha para poder alcanzar metas y muchas veces no logramos conseguirlas. Usted está vivo, tiene salud, tiene una familia, tiene una carrera, inclusive un papá que lo ayuda. Sume las cosas positivas. Mire que son bastantes. No acepte caer en depresión.

La depresión es una enfermedad asesina, que va minando sus energías, acabando con sus fuerzas, hundiéndolo en un desánimo generalizado. Comienza a ver todo negativo. Sus pensamientos son oscuros, asfixiantes, como que alguien lo fuera ahorcando con sus tenebrosas manos. Es una enfermedad mortal. Los pensamientos negativos provocan actitudes negativas y estas a su vez producen más pensamientos oscuros en un continuo círculo vicioso y las emociones se van contaminando de un aire enrarecido, nauseabundo, provocando en usted hastío, desgana.

Dígase a usted mismo: “yo puedo salir de este pozo oscuro donde solamente hay aguas podridas”. Vuelva a la iglesia. Haga oración profunda. Busque al Señor que todo lo puede. Él hará de usted una gran persona, renovará toda su vida. Hínquese ante Él, pídale perdón por sus culpas y acéptelo de corazón que con Él usted será invencible.