Utopía
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha encontrado la fórmula para perpetuarse en el poder, con el cuento de construir un canal a nivel por su país con lo que, en teoría, podría resolver los problemas de desempleo, la pobreza y las fallas en los procesos de inclusión.
Ortega quiere hacer de Nicaragua un país similar a Panamá, algo plausible que debe ser motivo de orgullo para sus compatriotas; sin embargo, creemos que las condiciones no son las mismas y todo el proyecto se quedará en la mesa de diseño.
Para recuperar el Canal, Panamá negoció con Estados Unidos a nivel oficial y no con empresarios ni inversionistas particulares, tal como se ha presentado Wang Jing, empresario chino que obtuvo los derechos exclusivos para construir y operar la vía en el país centroamericano por un periodo de cien años y a un costo de 50 mil millones de dólares.
Si Ortega pretende imitar a Panamá y si ha encontrado un Bunau Varilla a quien regalarle la tierra de Sandino, probablemente estemos nada más y nada menos que ante una utopía.
La vía interoceánica nicaragüense es de 278 kilómetros de largo y 500 metros de ancho; es decir, tres veces la longitud del Canal de Panamá y pretenden construirla en la mitad del tiempo que dure la ampliación de nuestra vía interoceánica.
A diferencia de nuestro Canal, esta construcción en el centro de Nicaragua tendrá efectos residuales catastróficos, que han desatado la furia de los ecologistas, además de la desaparición de comunidades enteras que han comenzado a rebelarse.
La idiosincrasia de los nicaragüenses es diferente a la nuestra, ya que para ellos la tierra es la vida y único sostén y la contratación de obreros especializados extranjeros sería de impacto negativo.
Ortega se ha olvidado de que lo más importante de la historia panameña ha sido la lucha generacional librada hasta la firma de los tratados de 1977. El camarada sandinista parece estar a punto de cometer un error histórico.
