Vivos
Algunos panameños no cumplen las exigencias de la sociedad por diferentes razones. Tal vez la “más justificada” es la pobreza extrema. Realmente eso sucede con una minoría. El resto lo hace por la falta de valores y por creerse “vivos”, bellacos que pueden burlarse de la sociedad. Allí están los que consiguieron departamentos “sociales” que les permitieron vivir bien, lejos de la miseria de antes. Pero varios “vivos” alquilaron esos departamentos como negocio. Después se molestan cuando las autoridades se los quitan. Otros “vivos” gastan plata en licor, “chinguia” (juegos), lujos, vicios, etc. y adeudan miles de balboas en agua, luz, basura, teléfono, etc., se quejan si les cortan esos servicios y hasta cierran calles… También hay quienes han convertido las invasiones de terrenos en una manera de vivir. Se aprovechan de las necesidades de los “sin casa” para violentar la propiedad privada y agudizar el problema habitacional del país. Tienen suerte dichos “coyotes” porque nadie los investiga.
Hablando de “coyotes”, ellos han hecho dinero llevando a inmigrantes que quieren darse la “buena vida” en Estados Unidos. Claro que son “vivos” y se aprovechan de otros. Sobre esos inmigrantes ya hay panameños molestos por los centenares de miles de balboas gastados en “ayuda humanitaria”. Dicen que aquí en Panamá también hay miseria y necesidades que no se solucionan, ¿Habrá “vivos” entre los inmigrantes? La Universidad no se escapa de los “vivos”. Esas reelecciones seguidas del llamado “rector eterno” se pueden considerar “vivezas” que afectaron la imagen de la casa de Méndez Pereira. Añada, quieren dar bonos inflados a un grupo de docentes que beneficiarían especialmente a los que dirigieron la “U” por años.
Otra “viveza” reciente es pretender jubilar a militares que ocupan altos puestos del Gobierno con sumas enormes. Para los miles de jubilados con unos pocos balboas, esto es un “trago amargo”. No lo aceptan por más que las autoridades ahora traten de “cuadrar el círculo”, como decían en clases de Geometría. Espero que a los que critican a los “vivos”, el Gobierno no los llame “ñañecos”. Como hacía de niño en Río Abajo cuando alguien insultaba, pondré los dedos en cruz y diré “¡que rechace!”
