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D e manera inocente le pregunté al dueño de un lujoso departamento en Paitilla si no era afectado por los malos olores de la Bahía de Panamá.
D e manera inocente le pregunté al dueño de un lujoso departamento en Paitilla si no era afectado por los malos olores de la Bahía de Panamá. Resulta que minutos antes de visitar ese sitio sufrí por malos olores. Mi visita era por un asunto relacionado con mi trabajo. El caballero con voz tranquila me contestó: "Es que aquí, en el piso 18, no llegan los malos olores. Además, el departamento tiene aire acondicionado central...". Como sociólogo había palpado una realidad que es sabida en los textos. El poder económico permite ciertos "lujos" que no disfruta la mayoría de los panameños. Algunos consideran que eso es discriminatorio y una injusticia social, etc. Como yo no envidio lo que tienen los demás de manera honesta, no le daba mucha importancia estar en un lujoso departamento de cientos de miles de dólares.
Pero al bajar de esas alturas me enfrentaba a una bahía cochina, que todavía no ha sido saneada, a pesar de los centenares de millones que se han gastado en este asunto. Mi mente se fue por el "túnel del tiempo". Cuando era joven, Punta Paitilla estaba deshabitada. Se visitaba el lugar para disfrutar de "la jungla" cercana a la capital. Había unas iguanas negras (de playa) que eran cazadas a tiros por algunos. Otros se bañaban en sus playas limpias, de arenas blancas. Por la noche varios iban al sitio a "romancear"... Todo eso quedó en la historia. El progreso llenó de altos y lujosos edificios el lugar y la naturaleza fue deformada por el modernismo. Ahora ni pensar bañarse allí. Hay que hacerlo en las piscinas de las áreas sociales de los condominios. Los que tenemos edad no nos acostumbramos a esta "cuota de sacrificio" que han pagado barrios como San Francisco, Paitilla, Bella Vista, etc. Antes eran tranquilas barriadas familiares, donde había calidad de vida. Les cambiaron la zonificación y permitieron los monstruos de acero y concreto.
Lo primero que desaparecieron fueron los jardincitos, que damas cuidaban con esmero. Uno que otro árbol de mango, palmeras, mamones, guanábanas, etc. quedan escondidos temerosos de que mueran por el progreso. Los urbanistas consideraban que las edificaciones "hacia arriba" son la solución habitacional en las ciudades. Lamento no estar de acuerdo con ellos. Por eso respaldo a las comunidades que se oponen al cambio de zonificación que los convertirían en "hormiguitas perdidas en los "rascacielos".
