Opinión - 19/8/14 - 06:17 AM

¿Bomba o perfume?

Ocurrió en Nápoles, Italia. Roberto Bernori, joven de 22 años de edad, se acercó a la ventanilla de un banco. Allí, sigilosamente, le mostró al cajero un

Hermano Pablo

Ocurrió en Nápoles, Italia. Roberto Bernori, joven de 22 años de edad, se acercó a la ventanilla de un banco. Allí, sigilosamente, le mostró al cajero un pequeño paquete y le dijo: «Es una bomba. ¡Deme todo el dinero que tenga!».

El cajero, sorprendido, no sabía qué más hacer, así que le entregó a Roberto 30 millones de liras italianas, equivalentes a 23,000 dólares. El joven salió tranquilamente del banco, arrojó el paquete a un basurero, y se echó a correr hasta perderse en la multitud.

¿Qué pasó con la bomba? El paquete no contenía ninguna bomba. Era solo perfume francés, cuidadosamente empaquetado y amarrado. «Hasta un perfume sirve de arma en estos tiempos», reflexionó el juez.

Así como un perfume puede disfrazarse de bomba, también una bomba puede hacerse pasar por perfume. Eso, lamentablemente, sucede con frecuencia en sentido figurado, pues hay muchas cosas atractivas y perfumadas que huelen bien y, sin embargo, destruyen al usuario por tratarse de bombas.

Por ejemplo, en los avisos comerciales, el tabaco y el licor se recomiendan por su buen aroma y sabor. Pero, ¿quién no sabe que ambos son productos nocivos para el cuerpo y la mente, que los pueden destruir como una bomba de tiempo?

Una hermosa mujer puede perfumarse con el más exquisito perfume francés y dejar una estela de frescor en el escritorio de un admirado hombre de negocios. Pero ese perfume puede detonar, como una bomba trampa, y convertirse en hedor de muerte si produce un encuentro que resulta en adulterio.

El engaño, el artificio, la trampa y la mentira nos rodean en todas partes y se disfrazan de fragantes perfumes.

El sabio Salomón estaba muy consciente de la importancia de esta verdad. Tanto es así que en el libro de los Proverbios incluyó no solo una vez, sino dos veces, el siguiente proverbio: «Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte».

El único capaz de protegernos de las bombas armadas por los cinco sentidos y el corazón es Jesucristo, el Hijo de Dios. Con Él como Señor, Maestro y dueño de nuestra vida, podemos estar a salvo. No nos dejemos engañar. Pongamos nuestra vida en sus manos. De hacerlo así, Cristo nuestro Salvador nos librará de toda bomba que pretenda ser perfume.