Opinión - 21/7/14 - 12:28 AM

Capacidad

Redacción

El anuncio de que a finales de este año se iniciará la construcción del canal interoceánico por Nicaragua no debe causar ningún tipo de expectativa o temor a la competencia que tal proyecto pueda significar para Panamá y su canal.

Nuestro país ha mostrado una sobrada capacidad para administrar y mantener funcionando el Canal, en vísperas de cumplir 100 años de su majestuosa inauguración.

Ya el proyecto de ampliación de la vía interoceánica tiene un avance total del 76% y un paso importante de esta remodelación se dio el pasado fin de semana con la movilización de la primera compuerta hacia la cámara inferir de la esclusa que se construye en el sector atlántico.

El hecho de que -pese a las coyunturales dificultades y desencuentros entre los actores de la ampliación- la obra sigue en curso hasta su feliz culminación demuestra el talento de la ingeniería panameña en colaboración con empresas internacionales comprometidas con la obra.

Los hermanos de Nicaragua tienen todo el derecho a apostar por un futuro mejor para su empobrecido pueblo, víctima de guerras seculares, pero el deseo de competir con Panamá en el aspecto canalero no debe suscitar mayor preocupación.

Ya en los albores del siglo pasado se discutió la posibilidad de un canal por Nicaragua, pero los estudios de la época demostraron que eso no era posible, por el carácter volcánico de su geografía. Un sello postal donde aparecía el volcán Momotombo en plena erupción puso fin a esa aspiración, que 100 años después vuelve a tomar vida.

Lo bueno es que -de pasar de la teoría a la práctica- esa obra dará trabajo a muchos nicaragüenses y significará un coyuntural “boom” económico para su país, lo que nos alegra, porque todos somos hermanos centroamericanos.