Opinión - 18/8/14 - 05:56 AM

Centenario

Redacción

Decía un pensador que a veces los hechos de la historia se repiten una vez como tragedia y otra como farsa. Tan inteligente dicho bien pudiera aplicarse a las celebraciones del centenario de la inauguración del Canal de Panamá.

El “Calvario de un Pueblo”, como bien titula un libro la lucha histórica por la recuperación de la soberanía sobre la franja canalera, se convirtió en la farsa de una cena de caviar y champaña en la que el pueblo fue vulgarmente “chifeado”, como decimos en buen panameño.

No sabemos qué había dentro de la mente de los organizadores de la gala del centenario, pero definitivamente lo que no estaba en su mente era el pueblo panameño, quien no se sintió representado en la lujosa actividad.

Es cierto que desde el punto de vista estético quedó impecable, pero una impecabilidad abstracta y vacía, ya que faltó la panameñidad, lo nuestro, lo que nos hace ser nación.

Las críticas a todos los niveles no se han hecho esperar, desde los más diversos sectores, ciudadanos se han dejado oír denuestos a un evento que debió ser de todo el pueblo panameño y se convirtió en una actividad elitista, con alfombras y pasarelas; en fin, una feria de vanidades, en la que no se sintió el espíritu del 9 de enero, ni el batir de alas de la miríada de aguiluchos que 50 años atrás dieron su vida por la soberanía.

¡Qué fácil es para algunos cosechar de lo que no sembraron!