Constituyente
Durante la campaña electoral, el presidente de la República, Juan Carlos Varela, prometió a los panameños que de ganar las elecciones, convocaría a una Asamblea Constituyente con el fin de dotar al país de una nueva Carta Magna realmente democrática, acorde a los tiempos modernos.
La Constitución de 1972 es un adefesio jurídico, creada por los militares y un remedo de poder legislativo, denominado “Asamblea de los 505” representantes de corregimiento, con el fin de institucionalizar el golpe de Estado del 11 de octubre de 1968.
Tan antidemocrática y antijurídica fue en sus orígenes la Constitución de 1972, que tenía un artículo, el 277, que designaba con nombre y apellido al entonces hombre fuerte Omar Torrijos, como Jefe de Gobierno.
A pesar de los parches constitucionales que se le han hecho, sigue siendo la misma Constitución militarista y desfasada, por lo que los panameños vieron con simpatía la propuesta de la Constituyente Paralela, para darle al país una nueva Carta Magna.
Empero, Varela se ha encargado de echar por el piso esta esperanza nacional, y lo peor es cómo su ministro de la Presidencia, Álvaro Alemán, justifica la falta de palabra del mandatario: “los gobiernos no cumplen con todas sus promesas”, sentenció casi con cinismo.
Es necesario una Asamblea Constituyente, que limite los poderes del Estado y elimine el omnímodo sistema presidencialista y modernice las instituciones nacionales.
Pero Varela va en dirección contraria al deseo de todos los panameños, empeñado en mantener un sistema jurídico que ya caducó o que simplemente sirve para el mantenimiento de las posturas autoritarias que en nada benefician al país.
Todos los panameños, sin distingo de banderías políticas o ideológicas, condición social o económica, debemos cerrar filas en un haz de voluntades para que el presidente cumpla con su palabra de llamar a una Asamblea Constituyente.
