Opinión - 18/8/14 - 05:56 AM

Diente

Todavía está en mi dedo del corazón de la mano izquierda. Pensé que luego de sesenta años desaparecería esa pequeña cicatriz... ¡del diente de “Manhattan Kid”. Me

Milcíades Ortiz

Todavía está en mi dedo del corazón de la mano izquierda. Pensé que luego de sesenta años desaparecería esa pequeña cicatriz... ¡del diente de “Manhattan Kid”. Me recuerda cosas del diario vivir en la calle primera Parque Lefevre. La principal puede ser la existencia de una “envidia social” de parte de un grupo de vendedores de periódicos hacia mí, por no sentarme en gavilla con ellos y dedicarme a mis estudios de secundaria. A veces se piensa que ese hecho social es moderno. Veo la cicatriz y confirmó que no es así. Mi mente se va por el “túnel del tiempo”.

Tengo trece años y al llegar a mi hogar tenía que pasar al lado de un grupo de jóvenes “marginados” que vendían periódicos. Comenzaron a hacerme burlas imitando mi andar. A mi hermano Orlando y a mí nos insultaban diciéndonos que no éramos hombres porque les teníamos miedo a ellos. Un día me empujaron al patio de una cantina y el bravucón me obligó a pelear con él. Lo llamaban “Manhattan Kid”, un vaquero de las tiras cómicas. Como pude esquivé su arremetida en la cara. Conté a mi papá lo sucedido. Serio me dijo que tenía que enfrentar a ese muchacho si deseaba seguir caminando por allí.

No le había hecho ninguna burla ni insulto que justificara su agresión. Papá me explicó que como no me juntaba con ellos y estudiaba eso les molestaba. Confieso que no quería pelear y me daba miedo. Mi padre me convenció de que no podía evitarlo. Me preguntó cómo atacaba “Manhattan”. “Con la cabeza abajo tirando puños como un abanico”, respondí. Como si fuera un instructor de boxeo me enseñó a defenderme del ataque. Él tenía razón. Poco después a mi hermano y a mí por la fuerza nos encerraron en el patio de la cantina. Ellos eran más de diez que esperaban mi aporreada. ¡No fue así! Apenas me embistió el envidioso social me defendí como me enseñó papá... y un diente de “Manhattan Kid” fue a parar al piso. Mi mano sangró de una pequeña herida que hoy todavía existe. ¡Santo remedio!, me respetaron y no me molestaron más. Así que eso del acoso, “bulling”, agresiones porque no era “pandillero” no es nuevo. Realmente fue la única pelea que he tenido. Ahora las cosas son peores. Hay algunos padres irresponsables que estimulan a sus hijos a la maleantería y violencia comunitaria. No les extrañe que no se den peleas a puñetazos, sino atentados a balazos (“Manhattan Kid” se veía cómico “bocacho”).