Hace falta Ñopo Ordóñez en las cantaderas
El desorden, el irrespeto que se ve hoy día en algunas cantaderas de décimas, no lo recogemos del suelo. “Todas las causas tienen su efecto”. Y los efectos que vemos en esta parte de nuestro folclor comenzaron desde que se abandonaron las reglas no escritas por Ñopo Ordóñez, quien de las experiencias en el manejo del Orgullo de Azuero y el Cosita Buena, estableció condiciones para la celebración de las cantaderas.
Con Ñopo el primer borrachín que se posara frente a la tarima a bailotear estorbando al público lo sacaban. No cualquiera subía a una tarima como presentador, cantor, salomador, puyador o como artista invitado. Una buena recomendación era necesaria y equivalía a un récord policivo.
Con Ñopo, aun sin guion escrito se establecía un orden inquebrantable en el espectáculo, tanto así que el mismo público lo asentía, estableciéndose una disciplina que permitía una alegría desbordante, sin pausa, y segura durante toda la fiesta.
Hoy día nó, muchos dueños de fiestas, por ejemplo: Si se encuentran con un amigo, mandan todo al carajo y se van a celebrar con la mayor euforia; a veces ellos mismos organizan tiraderas de hielo al público que pagó como si fuera una gracia, o se colocan con su gente frente a los cantores, aunque sus clientes no aprecien, olvidándose que organizar un acto público tiene sus consecuencias.
No era que Ñopo les ordenaba a los artistas qué hablar ni qué cantar, jamás. Al contratarlos les indicaba las obligaciones con la vestimenta, los temas, sombrero y puntualidad. El día del tope, lo primero que hacía era reunirlos brevemente para decirles algo así como: Miren muchachos, la cantadera será transmitida por radio y miles de personas la van a escuchar, si van a comentar algo en sus versos, primero que sea verdad; si es política, con respeto, y jueguen con el doble sentido, pero no se denigren, insulten o toquen temas personales, ya el locutor sabe lo que tiene que hacer y es él quien manda y conduce el evento como si fuese un árbitro de boxeo. Pero qué va, la mayoría de los locutores de hoy no son como Rubén Darío Campos, Jr. Osorio, Chilo Vargas o Chilito Higuera y muchos del interior que se preparaban para conducir , ilustrar y enseñar, hoy se la pasan leyendo un sartal de cuñas en vez de tener a otro profesional para tal fin, mientras ellos comentan con los artistas cómo va el desarrollo de la actividad, porque es un trabajo muy serio el de ellos.
Don Ordóñez realizó un trabajo extraordinario en las tardes de cantaderas de décimas, ya me imagino lo mal que se debe sentir, retirado en su residencia de Parita. Este artículo es patrocinado por: Ferret, NG de Penonomé, Rest. La Tableña de Cerro Viento y por el Representante de la Represa de La Chorrera, que colaboran con los actos culturales de Julio Caicedo.
