Igualdad
Es difícil pensar en una sociedad en la que todos sean iguales. Los regímenes comunistas por años vendieron el cuento de que allí no existían diferencias sociales.
Es difícil pensar en una sociedad en la que todos sean iguales. Los regímenes comunistas por años vendieron el cuento de que allí no existían diferencias sociales. Se jactaban de haber logrado una sociedad “sin clases”, en la que todos recibían lo justo. Sin embargo, quienes visitaban esas naciones detectaban que había una clase dominante que gozaba de privilegios. Para conseguir ese sueño se debía sacrificar la libertad individual. ¿De qué sirve tener libertad si es para morirse de hambre? Señalaban algunos camaradas para atraer apoyo a su causa. Llegó un momento en que la mayoría de la población del mundo estaba bajo ese sistema, que no permitía la libertad de expresión ni de prensa.
Los años demostraron que ese sistema no pudo sacrificar los anhelos de libertad y progreso de sus pueblos. La caída del Muro de Berlín se convirtió en emblema del ruidoso fracaso. ¿Por qué pienso en eso el día 14 de julio? Porque hace más de doscientos años el pueblo de Francia no soportó más el gobierno de Reyes, insensible a sus problemas. Los derrocaron por la fuerza y cortaron la cabeza a varios de ellos. Se acabó eso de que eran dueños de “vidas y haciendas”. La democracia como sistema participativo busca darle oportunidades al pueblo a llegar a los gobiernos. El sistema económico capitalista se basa en la libre empresa y la propiedad privada. Una cosa es la teoría y otra, la realidad.
A veces la democracia es excusa para gobiernos de intereses económicos. Se escudan en elecciones cada cierto tiempo y no satisfacen las necesidades de los más pobres. No creemos que en Panamá pueda ocurrir un estallido social como la “Toma de la Bastilla” de Francia, pero a diario vemos descontento comunitario que debe obligar a las autoridades a trabajar más. El grito de lucha de aquellos franceses fue “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Todavía existen en Latinoamérica millones de personas que no viven de manera adecuada. Por eso cada año aumentan países de la región que apoyan gobiernos izquierdistas, tratando de volver a un pasado negativo.
Recordemos que no hay enemigos chicos y que “de las aguas mansas” hay que cuidarse. Lo mejor es la paz, pero con justicia social.
