Ingerencia
En un acto de abierta injerencia, el jefe del Órgano Ejecutivo criticó un fallo de la Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia que concedió una indemnización a juicio de algunos exagerada, dentro de un proceso que se surtió ante ese componente del Órgano Judicial.
Los asesores del Presidente deben explicarle que no puede inmiscuirse en las decisiones que tome el Órgano Judicial, porque en Panamá, como en toda democracia funcional, existe la separación de los tres poderes del Estado.
Hablar de “lealtad al Estado” como lo hizo Varela en un acto de corte militaroide, es retrotraernos a doctrinas totalitarias ya superadas por el avance social como lo son el fascismo y el comunismo, donde el Estado era el “Gran Hermano” al que había que rendirle culto absoluto y total.
La única lealtad del panameño, sea funcionario o particular es con el sacrosanto imperio de la ley y el principio de legalidad.
El Presidente Varela debe recordar lo que dice el artículo 2 de la Constitución: “El Poder Público sólo emana del pueblo. Lo ejerce el Estado conforme esta Constitución lo establece, por medio de los Órganos Legislativos, Ejecutivo y Judicial, los cuales actúan limitada y separadamente, pero en armónica colaboración”.
Si bien podemos de estar en desacuerdo con un fallo de nuestro máximo tribunal de Justicia, hay mecanismos procesales para invalidar la actuación de los magistrados vía penal y/o disciplinaria, pero lo que no se puede hacer es que un órgano intervenga en las decisiones de otros, porque se daría un caos institucional.
Si se quiere que impere la democracia hay que respetar la separación de poderes, de lo contrario iniciaríamos el camino al abuso y arbitrariedad. Hoy algunos que ante esos excesos miran hacia otro lado, pero se les olvida que mañana pueden ser víctimas de ese desborde que hoy aplauden con su silencio cómplice.
