Opinión - 23/7/14 - 01:12 AM

Lloradera

Redacción

Una vez más, nubarrones de contratiempos y dificultades se ciernen sobre la magna tarea de ampliación del Canal de Panamá, como si una voluntad siniestra estuviera empecinada en retrasar la culminación de la obra.

Por un lado, un grupo de trabajadores organizados, quienes realizan paros de advertencia en protestas por despidos de dirigentes y supuestos malos tratos de capataces de las empresas contratistas. Por el otro, las propias empresas con sus reclamaciones de índole monetaria, que en el pasado reciente significaron la paralización de las obras de ampliación.

Los obreros quejosos, asignados al proyecto de movimiento de tierras del área pacífica y el consorcio multinacional integrado por la compañía española Fomento, Construcciones y Contratas (FCC), la mexicana Ingenieros Civiles y Asociados (ICA) y la Constructora Meco, deben llegar a un acuerdo con los obreros lo antes posible, ni la comunidad marítima internacional ni los panameños toleramos más discusiones estériles y retrasos.

También es censurable la actitud del consorcio internacional Grupo Unidos por el Canal (GUPC), que tiene una permanente “lloradera” por supuestos sobrecostos que no previeron en su momento.

Luego de la negativa de dos instancias de acceder a sus presentaciones, GUPC pone en manos de árbitros extranjeros el diferendo. Está bien porque eso lo prevé el contrato, pero que no se les ocurra paralizar la obra so pretexto de este desacuerdo. Los panameños no lo permitiremos.