Opinión - 21/5/16 - 12:00 AM

Máscaras de los jóvenes

Por: José Luis Rozalén Medina Catedrático de Filosofía -

El significado de máscara ha superado el restringido al espacio teatral y ha invadido la vida entera: la máscara ha venido a significar el engaño, el disfraz, el artificio, la mentira, la ocultación que nos hace mostrarnos ante los demás como en realidad no somos.

En muchas ocasiones, el hombre de nuestros días lleva la máscara puesta,y no es capaz de mostrar su yo real. Ese Hombre posmoderno vive bombardeado y deslumbrado continuamente por las máscaras de la seducción, la apariencia, la belleza corporal, el triunfo ‘a toda costa’, el tener, el poder, el dinero, la moda, la velocidad, ´el glamour´…, máscaras que los Medios de Comunicación (cine, revistas, televisión, redes sociales…) presentan como los ideales de la vida actual. El símbolo más preciso de este tipo humano, el icono más significativo es, sin duda, Narciso, quien, desde la antigua Grecia, sigue enamorado permanentemente de su bella figura, reflejada en las aguas cristalinas del río: el Narciso del siglo XXI sólo es capaz de vivir para sí mismo y su máscara.

Y los jóvenes, ¿llevan máscaras? No podemos olvidar que la cultura juvenil no es monolítica ni unitaria, sino múltiple y diferenciada, por lo que nos encontramos con estilos de vida y de conducta muy diferentes.

Por otra parte, comprobamos que los jóvenes-adolescentes, hoy día, van forjando su identidad personal no sólo en la familia y en la escuela, sino también a través de los modelos e iconos que les van ofreciendo los medios de comunicación. Los pobres y machaconamente repetidos eslóganes de estos medios, perfectamente globalizados, difundidos hasta la saciedad, manipulados, mercantilizados, virtualizados…, que giran casi siempre en torno a los pseudo-valores que anteriormente apuntamos: búsqueda del poder, del tener, de triunfar como sea, del consumir desaforadamente, de la tecnología sin humanismo, del pragmatismo sin alma…, son los potentes imanes hacia los que tienden muchos de nuestros jóvenes.

Los chicos y chicas de nuestro tiempo, para lograr esas metas que les imponen “a presión”, tienden a ponerse la máscara de la conveniencia, el disfraz de la inautenticidad, la careta de la falsedad, porque tienen que seguir viviendo y medrando, porque tienen miedo al fracaso, al olvido, al ridículo, a quedarse fuera del juego social. Y entonces se olvidan de ser ellos mismos, de ser veraces y auténticos, de ser valientes y honestos, de buscar su propia senda… Se olvidan de ser felices. Es imposible una sociedad con futuro, si la basamos en la máscara y en el engaño. Para mí, sólo la verdad es la semilla de un mundo mejor”.