Opinión - 11/7/14 - 02:36 AM

Misterio

De repente la joven de doce años dejó de estudiar. En su salón lo mismo ocurrió con otros dieciocho compañeros. La profesora no sabía qué sucedía. Pensó

Milcíades Ortiz

De repente la joven de doce años dejó de estudiar. En su salón lo mismo ocurrió con otros dieciocho compañeros. La profesora no sabía qué sucedía. Pensó que la culpa era de los padres que no le ponían suficiente atención a la chiquilla. Al hablar con ellos se dio cuenta de que no era así. Los padres estaban al borde de un ataque de histeria. Todo el esfuerzo hecho para tener a su hija en un colegio particular se perdería. Primero hablaron con los jovencitos, pero no les dijeron lo que pasaba. Luego fueron donde los educadores. Ellos a lo sumo indicaron que “eso” a veces ocurría sin que se tuviera claro la causa.

Con los psicólogos y expertos educativos surgieron varias hipótesis. La más creíble era que estaban al comienzo del desarrollo y tenían “alborotadas” las hormonas. Más sencillo fue decir que estaban dejando de ser niños y “eso costaba”. Ante el fracaso de las conversaciones, vinieron los castigos severos. Quitarle el uso de celulares y tabletas por una semana. Restringirles charlas con sus amigos y los chateos. No ir al cine y menos que pasaran horas “bajando música” y juegos de videos. Total... nada. Los efectos de los fracasos eran variados.

Una joven cayó en el complejo de la fea. No salía para que no la vieran los demás. Un varón dejó de bañarse y se pasaba horas mirando al techo (¿estaría enamorado?). De nada valían las amenazas, castigos ni las tentadoras ofertas. “Si pasas el año te llevo a Disneyworld”. “No fracases y vamos al Carnaval de Las Tablas”. “Si mejoras las notas te celebro tus quince años en un hotel”, etc. Varios padres tuvieron que recibir atención psicológica. Algunos matrimonios casi se rompen. Cada padre le echaba la culpa al otro de la misteriosa actitud de sus hijos. Cantidad de jovencitos fueron sacados de sus colegios y matriculados en otros “más fáciles”.

Recordando hechos parecidos debo señalar que este fenómeno no es nuevo. Tengo casos de hace cuarenta años. Por eso no se le puede echar la culpa a la internet, ni al mal sistema educativo del momento. En el mejor de los casos, dos o tres años después desapareció el misterioso mal. En el peor... algunos terminaron como políticos (¿?).