Opinión - 10/7/14 - 02:55 AM

Para evitar un gol

Con estilo sin igual surge el extremo derecho, mata el balón con el pecho y hace un pase magistral. Se acerca al área

Hermano Pablo

Con estilo sin igual

surge el extremo derecho,

mata el balón con el pecho

y hace un pase magistral.

Se acerca al área rival

derrochando jiribilla

que a los contrarios humilla;

pero el central no se asusta,

y sin pensarlo le incrusta

los tacos en la rodilla.

El árbitro se concreta

a señalar la infracción.

(Si fue negra la intención,

amarilla es la tarjeta.)

Y claro que nadie objeta,

ya que es cosa comprobada

que si el árbitro se enfada,

la consecuencia es funesta:

para el pobre que protesta

la tarjeta es colorada.

Pero falta lo mejor:

el agreste comentario

de un estólido gregario

que se llama locutor.

Porque el ínclito señor

aprueba la felonía

diciendo, sin ironía,

que es bendita la patada

que impidió fuera violada

la virginal portería.

Lo cual, en lenguaje llano,

sin eufemismos al dorso,

solo es patente de corso

que le otorgan al villano.

Y aunque parezca inhumano,

esto lo dice tal cual,

con aires de sinodal,

el cronista de fútbol:

que para evitar un gol

se vale ser animal.

Hay que reconocer que, más allá de su calidad literaria, el poema de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” tiene méritos en su contenido filosófico, ya que nos lleva a una reflexión bien merecida en torno al fútbol, que es el deporte considerado como el favorito del mundo. Lamentablemente hay cronistas, locutores y comentaristas del fútbol que, como señala Gómez Bolaños, son partidarios de tal o cual equipo al extremo de aprobar ante su público un acto de agresión en el campo de juego que se consideraría una ofensa en cualquier otro terreno.

Menos mal que Dios, a veces en calidad de árbitro, otras veces en calidad de comentarista de nuestras acciones en el campo de juego de la vida, no emplea esa misma táctica. Por el contrario, Él nos trata con equidad, imparcialidad y justicia porque es ecuánime, imparcial y justo por naturaleza.