Acabaron con la respiración de Dios, en nuestros cuellos.
Yo sé quiénes prohijaron esta vaina, y cómo se han atrevido a devaluar sistemáticamente nuestros principios cristianos por darles fuerza a los entredichos de los derechos humanos y minar a la democracia. Sí, amigo lector, y ese cuartel comunista que en forma planificada aleja a DS de nuestras nucas mantiene su nido principal de abejas malditas en una de las grietas de la ONU. Miren que desde 1960 para acá, los castigos a los menores de edad no sirven de nada, no tienen ningún efecto porque el Estado, gracias a la ONU, les ha quitado la autoridad a los padres, peor a como lo hacen algunos abuelos consentidores que yo conozco. Antes, cuando todo era pecado las letras, las matemáticas y el español entraban a la fuerza por el ardor de los rejos de mirto. Dios nos respiraba en las orejas desde que nacíamos y esa conducta tan sabia no era ignorancia ni la será jamás, al contrario nos hacía pensar 10 veces, nos obligaba a perdonar y a ser piadosos y colaboradores en la sociedad. Con el incesante temor a DS los jóvenes eran supremamente más respetuosos. Hoy el niño que no quiere estudiar y menos portarse bien denuncia a sus padres por ejercer el rol de padres de familia. En la mayoría de los casos los menores varones llevan al que pone la paila de guacho, les procura techo y ropa a la corregiduría con tal que lo regañen o lo pongan a barrer el patio. Y las niñas a veces resultan peores cuando están de “corte” no creen en DS ni en la Virgen y amenazan con irse de la casa con el primero que les “rasque la cucaracha”. Ahí están las consecuencias en virtud de la ratificación de tratados internacionales y de aspirinas que no conocemos.
Ningún gobierno debe meterse con las familias, salvo grandes excepciones. El sistema comunista que es ateo mantiene a sus poblaciones con una disciplina para perros, mientras ataca a la democracia con estratagemas desde todos los foros. Bien lo dijo Winston Churchil :”El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia y la prédica de la envidia, su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria“.