Asentamientos
Aunque algunos lo duden, Panamá tiene buenas estadísticas. Esto se debe a la labor que realizaron expertos nacionales, muchos de ellos mujeres. A los sociólogos las cifras les sirven para analizar situaciones sociales y recomendar soluciones. Se ha dicho que los datos son “fríos”, aunque muestren problemas calientes. Pensé en esto el otro día cuando escuché a una funcionaria señalar que existen 350 “asentamientos informales” en el país. Esto surgió por los incidentes en el desalojo de uno de ellos en Veracruz, donde falleció una dama. Cuando estudiaba Sociología en Chile había una corriente continental para explicar y solucionar este problema social que afectaba casi todos los países latinoamericanos.
Se nos insistía que el surgimiento de esos asentamientos se debía a las políticas gubernamentales que concentraban en las ciudades las principales instituciones y actividades comerciales. El caso de Panamá es fácil de entender por la llamada “zona de tránsito”. El ferrocarril, el Canal y los puertos reforzaron esta concentración económica y política. El interior desarrolló el papel de productor de comida. Provincias lejanas como Chiriquí abastecen a la capital. El resultado fue un interior pobre. Por años ni siquiera había centros educativos superiores “más allá del Canal”. En los años 70 hice un estudio sociológico para Reforma Agraria y lo ilustré con un bicho horrendo. Tenía una enorme cabeza (la capital) y un cuerpo largo y flaco, el interior.
Debo reconocer el esfuerzo que hizo el gobierno dictatorial para descentralizar al país. Se enviaron ministerios e instituciones al interior, lo que causó problemas administrativos y de efectividad. Allá no existían estructuras adecuadas para el funcionamiento de muchos despachos. La Facultad de Agronomía de la Universidad de Panamá en Chiriquí es uno de los pocos ejemplos que subsisten. Las invasiones de terrenos baldíos a veces están manipuladas por bellacos. Al estabilizarse el asentamiento hacen negocio con los lotes y las casas. Pero la mayoría de las veces eso se debe a que todavía el interior no es agradable para muchos. Buscan mejor calidad de vida y educación en las ciudades, como me dijeron excampesinos que entrevisté hace años.
Solución sería mejorar el campo para que se “parezca” a las ciudades. Creo que será difícil, ya que a cada rato los productores pierden cosechas porque el Gobierno no las compra. (Pregunta el Cholito Mesero: ¿ya acabaron con las letrinas como prometieron?).