Opinión - 28/6/17 - 12:00 AM

Carne cruda

Por: Azihra Valdés Madrid Periodista -

Los que trabajamos con Ricardo Martinelli sabíamos que a Juan Carlos Varela le encantaba la política tanto como odiaba el trabajo. Nadie le creyó a Martinelli que botó a Varela porque hacía de todo menos a trabajar; ante los ojos de “La Prensa lovers” y la sociedad civil, Varela se convirtió en víctima de Martinelli. Hoy sabemos quién es la víctima y quién el victimario.

Los que movieron hilos y agujas saben que se equivocaron con nuestro presidente “gourmet”, y sea por soberbia o porque están chupando de la jugosa “teta interminable” rehúsan reconocer que Martinelli tenía razón. Los que apostaron a crédito y se están comiendo un cable gracias a la incapacidad de su delfín político se lo tienen que comer calladitos porque así se ven más bonitos.

Aunque producto de sentimientos anti-Martinelli de gremios, sociedad civil y medios de comunicación, fue un desacierto temerario de estas personas haberles dado a Varela y a su aparato justiciero licencia para abrir procesos a discreción. La primera señal de ese error fue la selectividad; las investigaciones fueron solo de la era posalianza. Como en el laboratorio de Frankenstein, armaron expedientes con retazos abominables y apelando a una moral artificial, jugaron con vidas humanas. Nombrar como procuradora a Kenia Porcell, del Consejo de Seguridad, donde nacieron los engendros judiciales, es prueba del segundo error.

Aunque resulte redundante seguir hablando del dolor que sentimos por tantas detenciones sin sentido, no podemos dejar de hacerlo. La más reciente la del expresidente Martinelli. Los más críticos adversarios de su gobierno ya reconocen que son objeto de la más despiadada persecución política. Pero ya el daño está hecho. Varela, en un segundo, destruyó lo que les tomó una vida construir. Solo la muerte es un daño peor.

El pueblo está dando muestras de fatiga por tanto abuso y la gente “chévere” está asustada; ni hablan por celular porque aseguran estar pinchados. Voces distinguidas en las cámaras, colegios y clubes comentan que a Varela y sus perros rabiosos se les fue la mano en pollo. Estos señorones soltaron las bestias porque querían ver sangre, pero a cuentagotas, no hemorragia. ¿Y quién contaba las gotas?

No solo la nube negra de la persecución política cubre de hollín al Gobierno. Odebretch ha levantado más cejas que Miss Reef. Tan veloces y diligentes han sido las chicas superpeligrosas para acabar con los examigos de Varela, pero cuando les toca cantarle a su jefecito la canción brasileña “vocé abusó”, Kenia cambia la partitura y ellas cantan bien “des-pa-ci-to”. Obvio, las bestias atacan bajo órdenes y jamás muerden la mano de su amo.

Abrieron casos penales a Martinelli y TODOS sus funcionarios con mando y jurisdicción. ¿En qué democracia se ha visto eso? Ahora van por medios de comunicación. Entonces, ¿cómo hacer para que un pitbull vuelva a comer bolitas Pedigree después de 3 años tragando carne cruda? Entonces, las alertas se activan, los comunicados aun tímidos afloran. Entonces, tenemos a los que azuzaron a las bestias en una encrucijada. Ellos quieren, pero no pueden. Deben, pero no se atreven. Entonces, estamos frente al tercer y peor de los errores. El silencio. Mientras tanto, la jauría se acerca y la libertad de expresión es su nueva carne cruda. ¿Entonces?

A los encantadores de bestias, a quienes les recuerdo que en dos años hay amo nuevo, les dedico esta frase del filósofo Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”. Cuidado con lo que deseas. ¡2019 a la vista!