Opinión - 16/6/17 - 12:00 AM

Democracia

Por: Milcíades Ortiz Catedrático -

El amigo me preguntaba por qué el pueblo elige mandatarios que después no le resuelven sus problemas. No se refería solamente a los presidentes, sino a diputados, representantes de corregimientos, alcaldes, etc. Señalé que hay países donde se prohíbe las reelecciones en cargos de elección. Se basaba en que es conveniente que haya diferentes funcionarios para que todos tengan oportunidad de trabajar por su país. Pero le dije que un principio básico de la democracia es que el pueblo es el soberano para elegir a sus gobernantes. Si se limita el trabajo de algunos funcionarios a uno o dos periodos, se estaría afectando la esencia de un gobierno democrático. En medio de la conversación mi mente se fue por el “túnel del tiempo” a los años 50 y 60 del siglo pasado.

Se decía que había democracia en el país, pero varios “chanchullos” electorales se burlaban del planteamiento. Recordé a caciques politiqueros entregarles plata y el voto ya hecho a filas de campesinos y obreros. Así ganaban las elecciones “voto a voto”. Otro fraude se cometía con las actas de votación, que eran alteradas a favor de tal candidato. Por años se permitió que la gente votara donde pudiera. Entonces, bellacos conseguían centenares de cédulas falsas. Una persona votaba hasta más de cinco veces en diferentes sitios. De poco sirvió manchar el dedo con tinta “indeleble”. A pocos metros alguien tenía un ácido que borraba la tinta… ¡y a votar otra vez! Otros sinvergüenzas cuando sabían que iban perdiendo la elección se robaban la urna y era anulada.

Meter votos falsos luego de terminada la elección era otro recurso “democrático” en la llamada “patria boba” o de los politiqueros que destruían la democracia con sus acciones. Dije al amigo que siguiendo la esencia de un gobierno democrático no es permitido controlar las reelecciones. Al final, el pueblo soberano es quien decide el ganador. Pero la realidad señala que personajes logran manipular al público para que sigan votando por él. De esta manera, las reelecciones continuas se convertirán en disimuladas dictaduras “democráticas”. Allí están algunos gobiernos que tienen años de estar en el poder. Esto vale también para otros cargos, como sucedió en la Universidad de Panamá. Al amigo señalé que un antiguo refrán dice: “Democracia, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”. (Dice el Cholito Mesero que los presidentes deben tomar su mes de vacaciones al año…).