Gringos
Me asombré de que decenas de comidas de ahora fueron introducidas en Panamá por los norteamericanos. La lista pasa de las veinte. Esto no es negativo, sino una realidad sociológica. Se le conoce como “penetración cultural”. También la hay en lo político, vestir, pensar, actuar, etc. Se piensa que un país pequeño no puede resistir la influencia de una nación poderosa. Para los nacionalistas, esto es negativo. Recuerdo cuando era niño que el presidente Arnulfo Arias insistía que los panameños debíamos hablar español y contar en balboas. Hasta hizo balboas de papel para enfrentarse a la circulación del dólar. Pero sus propósitos fracasaron porque la posición geográfica de ser “centro del mundo” y corazón del Universo” competiría con lo nacional. Antes de la separación de Colombia hubo diarios que se publicaban en inglés, francés… y español. Ahora mismo vea los nombres de muchos negocios y notará que son extranjeros.
En el aspecto positivo, esa influencia de la mayor potencia del mundo hizo que fuéramos uno de los pueblos más modernos y con un alto nivel de vida. Esto ha sido envidiado por otros países del continente. En los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, el día nacional de EE.UU. se celebraba como si fuese el 3 de noviembre. En las escuelas había murales, actos, concursos y hasta paradas para celebrar el 4 de julio. En el Instituto Nacional, cuna del nacionalismo, nos obligaron a aprender el himno norteamericano y un discurso de su presidente Lincoln. Era tal la influencia política gringa que se decía que “no se podía ser presidente si no se tenía el visto bueno de EE.UU.”. Funcionarios, empresarios y políticos “mataban” porque los invitaran a la recepción oficial del embajador norteamericano.
Miles de panameños iban al desfile militar en la Zona del Canal, donde se brindaba “hot dogs” y sodas a los asistentes. Era impresionante ver desfilar tanques y aviones militares a chorro. “Yankee go home” fue el grito de protesta en la lucha por la soberanía en la zona canalera. El espionaje afectaba a políticos, periodistas y hasta alumnos nacionalistas. Realmente no había odio contra las personas gringas. Muchas panameñas se casaron con ellos. Pero sus comidas, manera de vestir, vivir bien, tener artefactos modernos y aprovechar el dólar fueron legados recibidos por este país “alegre y confiado”. Recuerdo que gritábamos contra ellos, pero disfrutábamos más tarde hamburguesas, leche batida y un “pay” de limón. Las cosas han cambiado ¿verdad? (Dice el Cholito Mesero que ahora se le da más valor a saber inglés que antes [¿?]).