Opinión - 15/6/17 - 12:00 AM

Homenaje a José Antonio Moncada Luna

Por: Por: Celma Moncada -

11 de junio de 1966. Fallece el poeta José Antonio Moncada Luna (mi padre) en accidente en las curvas de Campana, y su espíritu inmortal rápidamente inunda la naturaleza y se unió a Dios que tanto amó.

Todavía se veían en su mano los puntos que cerraban la herida causada con el alambre arbitrariamente clavado por un potentado y que se negaba quitar, pero que levantó con sus propias manos ayudando al campesino.

A la edad de 40 años era un gran poeta, abogado defensor acérrimo de la justicia, profesor de Filosofía e Historia y periodista.

Hilvanaba en su mente la que sería su próxima poesía, que hubiera sido Adán y Eva... y recuerdo cómo hablaba y pintaba al pequeño Abel jugando entre las flores y pájaros.

Siempre estaba cargado de libros; escribía hasta la madrugada y se podía observar en sus borradores el conteo una y otra vez de las sílabas que formarían los versos que son su legado.

Pocos años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, fue uno de los primeros vanguardistas que elevaron a Panamá hasta el pináculo y pude observar que en la Biblioteca de las Naciones Unidas, en Nueva York, se encontraban sus libros.

Hoy día, en este mundo enmarañado, complejo y lleno de preocupaciones que parece acercarse al precipicio por las propias acciones del hombre, su obra brinda el remanso de un oasis.

Decía siempre que la mejor arma es la pluma. No lo olvidemos.