Opinión - 02/7/17 - 12:00 AM

Personas sin hogar: no es solamente el frío

Por: Jesús Sandín de Vega Responsable del programa de Personas sin Hogar de la ONG Solidarios para el Desarrollo -

Las personas que viven y duermen en la calle no nacieron allí. Pero a veces ignoramos lo evidente. Olvidamos que tienen nombre y pasado, que su situación actual no debería ser permanente, y que deberían tener un futuro. A pesar de lo incómoda que resulta la realidad, persisten prejuicios y estereotipos que podemos combatir desde los medios de comunicación.

Lo peor para una persona sin hogar no es el frío y las inclemencias meteorológicas, ni la principal preocupación cotidiana es encontrar comida. Quienes viven en la calle no son por definición alcohólicos, enfermos mentales, o ambas cosas. Son personas que han perdido la capacidad para decidir adecuada y responsablemente sobre su propia situación. No tener hogar causa la muerte prematura de muchas personas tanto en invierno como en verano, implica estar sometido permanentemente a diferentes formas de violencia y hace que sea casi imposible acceder a derechos humanos fundamentales.

La realidad es que los recursos sociales existentes son necesarios, ya que se dirigen a cubrir necesidades vitales básicas, pero no son adecuados si se limitan solo a eso y no ofrecen una atención integral individualizada que permita a quienes los usan reconstruir un proyecto vital y sostenerlo. No son adecuados si no permiten garantizar los derechos básicos, empezando por el derecho a la intimidad. Y, sobre todo, no son suficientes para reintegrar a las personas sin hogar en la sociedad, y no podrán serlo.

Porque la integración precisa del esfuerzo de cada uno de nosotros. Porque remite al encuentro con el otro desde la igualdad, al restablecimiento de lazos vecinales y a la participación en la comunidad. Y eso no es algo que pueda resolverse desde los recursos sociales.

Es urgente que nos sintamos aludidos cada vez que, en la calle, nos encontremos con una persona sin hogar; que tengamos la valentía de examinar nuestros prejuicios y recordar que no vemos el mundo como es, sino como somos nosotros.

Cada una de las personas que vive y duerme en la calle tiene un nombre y un pasado. Seguramente tuvo una red social y una familia, un proyecto vital y unas capacidades. Y no hay ninguna razón para que, con el apoyo adecuado y el compromiso de toda la sociedad, no pueda recuperar al menos gran parte de lo que ha perdido.