Opinión - 01/7/17 - 12:00 AM

Saber mirar juntos en la misma dirección

Por: -

José Carlos García Fajardo

Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

Amarse no es mirarse uno a otro, recuerda Saint Exupéry, sino saber mirar juntos en la misma dirección. Me preocupa esa especie de solapado autismo que se esconde en querer ser Ying y Yang, padre y madre, blanco y negro, hombre y mujer, arriba y abajo, justo e injusto, en lugar de reconocer la coincidencia de los opuestos. Pero jamás la descubrirá ni encontrará quien niegue la realidad de los opuestos y complementarios. Me ratifico en la convicción de que la educación, las buenas maneras, el buen gusto y el estilo son valores propios de cada sociedad y que ignorarlos o despreciarlos quizás no muestren sino una debilidad de carácter. Todos esos valores son formas de la vida, de la libertad, de la justicia y del indeclinable derecho a la búsqueda de la felicidad. Como quiera que la llames. Recordemos ese anónimo texto del Desiderata, entrado en la vieja iglesia de Saint Paul, Baltimore, 1693, EE.UU. Es bueno para el camino: Camina plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que se puede encontrar en el silencio: Vive en buenas relaciones con todas las personas, todo lo que puedas, sin rendirte. Di tu verdad tranquila y claramente; escucha a los demás; incluso al aburrido y al ignorante; ellos también tienen su propia historia. Evita a las personas ruidosas y agresivas, sin vejaciones al espíritu. Si te comparas con otros, te volverás vano y amargado; porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés por tu propia carrera, por humilde que sea; es una verdadera fortuna en las cambiantes vicisitudes de los tiempos. Sé cauto en tus negocios; porque el mundo está lleno de engaños. Pero no por eso te ciegues a la virtud que, sin duda, existe; mucha gente lucha por altos ideales; y, en todas partes, la vida está llena de heroísmo. Sé tú mismo. Especialmente no finjas afectos. Tampoco seas cínico en el amor; porque, frente a toda aridez y desencanto, el amor es perenne como la hierba. Recoge mansamente el consejo de los años, renunciando con donaire a las cosas de la juventud. Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en las desgracias repentinas. Pero no te angusties con fantasías. Muchos temores nacen de la fatiga y de la soledad. Junto con una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas; tú tienes derecho a estar aquí. Y te resulte evidente o no, sin duda el universo se desenvuelve como debiera. Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que lo concibas. Y, cualesquiera que sean tus trabajos y aspiraciones, mantén, en la ruidosa confusión, paz con tu alma. Con todas sus farsas, trabajos y sueños rotos, este sigue siendo un mundo hermoso. Ten cuidado. Esfuérzate en ser feliz.