Opinión - 19/6/17 - 12:00 AM

Soberanía

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Históricamente, Panamá ha tenido una relación compleja y contradictoria con Estados Unidos, en la que las reivindicaciones de soberanía en el territorio ocupado por la Zona del Canal constituyeron el norte de las luchas populares de diversas generaciones de panameños.

Ningún líder civil o militar puede arrogarse el triunfo soberano del pueblo panameño para lograr el control del Canal y la subsiguiente soberanía sobre esa franja. Fue y sigue siendo un triunfo del pueblo panameño, que a no dudarlo, lo defenderá si fuera necesario volver a hacerlo.

Es por ello por lo que los panameños debemos estar pendientes del viaje del presidente Juan Carlos Varela a Washington y a los temas que se tratarán, que esperamos que sean en interés de la nación panameña y no en función de odios profundos o malquerencia personales.

La reunión con el presidente norteamericano debe servir para estrechar lazos con la potencia del Norte y no para mostrar posturas entreguistas y aherrojadas que serían un baldón de vergüenza para los mártires caídos en la lucha por la integridad territorial.

Digámoslo de una vez por todas: cualquier gobernante que intente negociar con la soberanía nacional será repudiado y maldecido por el pueblo, porque en este país se derramó sangre por lograr la integridad territorial.

Panamá y Estados Unidos son aliados estratégicos, unidos en mucho sentido, por lazos históricos complejos, pero siempre en la búsqueda de la buena voluntad para mantener abierta y funcionando la vía interoceánica, que es “puente del mundo, corazón del universo”.

Nuestros socios y amigos norteamericanos que sepan que siempre son bienvenidos al Istmo por los lazos que nos unen, pero ya pasaron los tiempos de la “política del garrote”, donde como potencia hegemónica imponían su voluntad al mundo.

Los panameños, sin duda alguna, se opondrán a cualquier presencia militar foránea en nuestro territorio, porque esa política ya pasó a la historia.